Capítulo 41: Desenmascaramiento

663 51 23
                                    

𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪 𝓔𝓻𝓲𝓴𝓪

— No. Me niego.

Declare mi respuesta final. Podría haber quitado una viva, pero era un hecho que prometí que no volvería a suceder, mucho menos manchar mis manos de la sangre de Miiko.

— Oye, no soy tu mamá, no soy yo quien te ordena hacerlo. —respondió rodando los ojos, tratándome de niña pequeña e incordió—. Si tienes algún problema, ve a entregarle tu queja al jefe, quizás por ser su puta te libres de ensuciarte.

Sus provocaciones me hacían desear que volviese al mugroso bosque de donde provenía, enganchada al suelo. Trague saliva con dificultad, mi mente volvía a nublarse de preguntas.

¿Por qué ahora? ¿Por qué matarla ahora? ¿Por qué tanto tiempo en silencio y con cuidado para dar un ataque final tan brusco?

— Tienes 24 horas a partir de ahora para matar a esa zorra. —farfulló, y comenzó a fundirse con la maleza—. ¡Buena suerte, humanucha!

— ¡Espera...!

Me tire al suelo pero ya había desaparecido. Suspire angustiada, ya que me tocaba hablar de nuevo con Ashkore y enfrentarme a sus cambios de humor tan repentinos, pero estaba dispuesta a negarle esa misión y pedirle explicaciones.

Me escurrí entre las sombras para bajar hacia la cueva sin ser vista. Esquive a Jamón, quien vigilaba la entrada, gracias a su estado somnoliento. Finalmente me lance al agua hacia la corriente de oxígeno hasta llegar finalmente a la cueva submarina.

Mis pasos resonaron por lo largo del pasillo hasta detenerse delante de la puerta del despacho.

— Me niego hacerlo.

Dicte. Ashkore se mantenía sentado dándome la espalda, en el escritorio. Se giró lentamente y dio un trago a su pequeño vaso de whisky.

— Pensé que tardarías más en reprocharme. —miro de reojo el reloj que marcaba las 12:13—. Impresionante, woooow.

— No me hace gracia. Te digo que no pienso hacerlo. Esto ya no. Me has atado a ti con todo lo que has podido, podré haber robado, haber mentido, pero no puedo matarla. Yo solo quiero... hacerte cambiar de opinión.

Pufff, venga ya...

Su carcajada me heló la sangre. Tosió un poco y se apretó la zona del estómago con expresión a dolorida pero sin dejar de reírse;

— ¿Cambiar de opinión? ¿Quieres que quede con la kitsune para jugar a las canicas? ¡De paso puedo tomar el té con Valkyon! —movió el vaso haciendo que el líquido bailase de un lado hacia otro junto a los hielos—. Quizás deberíamos ir pensando en un trio.

Me calentó la sangre y avancé a grandes zancadas hacia el. Golpee su mano haciendo caer el grueso vaso de cristal al suelo, rompiéndose en mil pedazos y salpicando mis piernas de whisky.

— Se acabo. Todo. —lo desafié con los ojos, y el endureció la mirada—. Sigues siendo el mismo cabrón de siempre. Ojalá te pudras en el infierno.

Poco tardo en levantarse y cruzarme la cara, pero no me importo. Conseguí mantenerme regia y con la misma mirada fiera, ahora con la mejilla enrojecida. En consecuencia, recibí otra bofetada en la mejilla opuesta.

Oí su respiración agitada.

— Ten narices. —apresó mi cuello y lo apretó, llevándome contra la pared y poniendo su rostro muy cerca del mío, pudiendo sentir su aliento y viendo de cerca sus ojos inyectados en sangre—. Ten narices a volverme a hablar así.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora