CAPITULO TRES:

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"DOBLE PESADILLA"

Era inaudito el no poder comprender tal sufrimiento de los dragones; pero fuera lo que fuera Hipo encontraría la solución. Los Berkianos regresaron a sus hogares por órdenes rectas de Estoico. Hipo tranquilizo a sus amigos diciendo entre dientes que todo sería "temporario", o al menos eso quería pensar.

Debía analizar con calma e intentar no entrar en pánico, por esto se regresó a su hogar y entro a su habitación, dando se vello un gran suspiro deprimente cuando recordó que todo el suelo de su alcoba estaba desordenado, con dibujos de Chimuelo dormido y varías modificaciones para una silla de montar nueva. Decidió que limpiaría más tarde, por ahora solo se dejó caer de espaldas sobre la cama abatido por todo lo sucedido. Llevo sus puños a su frente en un intento de analizar las cosas; sabía que el temblor de algún modo estaba relacionado con el repentino dolor de cabeza de los dragones.

Dejo escapar otro suspiro antes de apoyar la espalda contra la cabecera de su cama, colocando sus rodillas contra su pecho y las manos alrededor de sus piernas, dejo caer sus ojos rectos en la nada, su mente se había perdido en el pensamiento.

No paso mucho cuando Hipo se percató de que su amigo no estaba presente en la habitación. El joven azorado examino a su frente en el suelo la redonda piedra gris que se presentaba como la cama de su Furia Nocturna.

- "¿Chimuelo?" - nombro con la ceja arqueada, el juraría que su amigo le había seguido hasta la casa.

Con un impulso adelante, salto fuera de su cama, tomando rumbo abajo por las escaleras para encontrarse de repente con su padre entrando por la puerta principal.

- "Papá ¿Has visto a Chimuelo?"

- "Yo creí que estaba contigo" – respondió colocando su casco en sima de un tornillo que resaltaba de la columna frente a la entrada.

- "Yo también lo pensé. Pero no está."

- "No te preocupes, tal vez está volando con los otros dragones" – al decir tal palabras, el gran jefe se tensó de hombro al recordar la aleta que falta a dicho dragón.

- "Chimuelo no puede volar, papá" – le recordó a dientes rodando los ojos a su vez.

- "Lo sé, no quise decir eso" – se disculpó con vergüenza.

- "Como sea, iré a buscarlo" – argumento en un suspiro.

- "No es para tanto hijo, además ya es casi la hora de la cena, de seguro vendrá con hambre. Creo que preparare un estofado" – anuncio con ánimo, se notaba que no quería estar pensando en lo de hoy.

Hipo se estremeció ante la palabra "estofado", si le gustaba el platillo, él podría comerlo todos los días, claro, si es que no era preparado por su padre. Si hay una cosa que Hipo no deseaba, eso sería todo lo que su padre cocinara.

- "Yo... creo que paso" – dejo saber con una mueca de asco sin que su padre lo notara.

El chico tenía presente lo que le pasaría una vez que diera la primera cucharada; crudo y salado estofado recorrer por su delgada garganta. Sin duda, esto le enfermaría al estómago de tan solo pensarlo.

Sin que Estoico lo notara, Hipo se escabullo por la puerta. El sonido de la madera crujiente que provenía de la chimenea era lo suficiente audible como para no delatar el chirrido oxidado de la prótesis del joven vikingo. Dio a su fuga aun éxito. Hipo guío su camino al mercado de la aldea, sus pasos iban a la velocidad de la angustia, él sabía que algo andaba mal, Chimuelo nunca dejaría su lado sin al menos dejarle saber.

El Despertal Del Rey DragonWhere stories live. Discover now