Inquietantes secretos

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Varios turistas comenzaron a aproximarse al sitio en donde se hallaba Fiorella en cuanto la escucharon cantar. Su voz era potente y clara, poseía una tesitura muy agradable a los oídos tanto de aficionados como de expertos. Aunado a ello, los delicados gestos con los que solía acompañar el canto atraían las miradas enseguida. Su cuerpo entero expresaba las poderosas emociones que la música le transmitía con los gráciles y elegantes movimientos propios de una bailarina de ballet experimentada. Los sonrientes rostros de casi todos los espectadores destilaban entusiasmo y admiración, excepto uno. A medida que la dulce canción entonada avanzaba, el semblante de Mauricio se iba desencajando.

La bonita curvatura ascendente que lo adornaba se desdibujó de golpe para cederle el paso a una mueca fría. Sin motivo aparente, un aura grisácea comenzó a envolverlo en cuestión de segundos. Al mismo tiempo, un tsunami de preguntas anegaba las neuronas de la joven Portela. "¿Qué le pasará? ¿Estará enfermo? ¡Qué raro! Todo parecía estar bien hasta que empecé a cantar... ¿Habrá sido mi culpa que se pusiera mal? ¿Le molestó que cantara? ¡Ay, no entiendo nada!" El ritmo de sus latidos se disparó hasta el punto de hacerla sentir que tenía dos pequeños corazones en las sienes.

A pesar de sus crecientes deseos por salir corriendo detrás del varón, la chica logró conservar la imagen de calma total. No fue nada sencillo permanecer impasible ante los curiosos ojos de quienes la observaban, pero salió victoriosa. Había unos cuantos teléfonos móviles elevados en su dirección, lo cual solo podía significar que la estaban grabando o que estaban haciendo transmisiones en vivo mediante las redes sociales. No quería mostrarse alterada frente a las cámaras, así que se limitó a sonreír y a continuar con lo que había empezado.

En cuanto terminó de entonar la dulce canción de Darren Pellegrini, las personas a su alrededor prorrumpieron en sonoros aplausos. Para sorpresa suya, algunos de los presentes le pidieron permiso para tomarse una fotografía junto a ella. En un principio, pensó en negarse de manera rotunda, pero no tardó mucho en cambiar de parecer. ¿En qué clase de artista se convertiría si no permitía ni siquiera un poco de contacto con sus admiradores? Necesitaba comenzar a hacerse a la idea de que podría tocarle encarar situaciones similares en el futuro.

Sin embargo, saber todo eso no hacía que estuviese menos asombrada. Desde que notó la presencia de los espectadores, una abrumadora sensación de satisfacción mezclada con nerviosismo se había alojado en su vientre. Al comenzar a cantar, nunca pensó en hacerlo para llamar la atención de ningún desconocido. La habían impulsado las ganas de hacer algo bonito para alegrarle el rato a Mauricio. Por desgracia, el plan original había conseguido un efecto diametralmente opuesto al que ella esperaba.

En cuanto terminó con la breve sesión fotográfica improvisada, la muchacha se dirigió hacia el interior del barco a paso rápido. La expresión facial de serenidad que presentara unos instantes atrás ante los extraños fue reemplazada de inmediato por una mueca de absoluta preocupación. Quizás no estuviese sucediendo nada serio y ella solo se estaba ahogando en un vaso de agua. Su imaginación solía llevarla a escenarios fatalistas con pasmosa facilidad. Sin embargo, no estaba en condiciones de esperar como si nada pasara. Si ella había tenido algo que ver con el abrupto cambio en el estado de ánimo del varón, anhelaba hacer algo para remediarlo tan pronto como fuera posible.

En cuanto llegó a la puerta que daba acceso a los baños de hombres, la chica colocó la mano sobre el pomo metálico. Estuvo a punto de girarlo y entrar al recinto en busca de Mauricio, pero una bofetada de raciocinio desbarató su arranque de impulsividad justo antes de que cometiera una tontería. "¡Por Dios! ¡De verdad parezco una acosadora! ¿¡Qué mierda sucede conmigo!?" Retiró el brazo derecho del tirador de la puerta y se dio un golpe en la frente con la palma abierta. En algunas ocasiones, ni siquiera ella misma podía entender los disparates que pasaban por su mente.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora