Al amanecer, la portentosa masa solar comenzó a irradiar con absoluta vigorosidad aquellos fulgores suyos que, sin medir las consecuencias, logró entibiar la sangre coagulada en mi piel.

Mis párpados, por su parte, empezaron a descubrir mis retinas perturbadas por la anemia, al mismo segundo en que desperté de una extensa y terrorífica pesadilla.

A comparación con el día anterior, hoy me siento bastante enérgica y con ganas de salir a explorar los rincones de mi nuevo hogar. Es entonces cuando, de un débil impulso intrínseco, alcanzo a incorporarme a orillas de la cama procurando no lastimar mis heridas vendadas con un paño de lino.

Súbitamente, la puerta de mi habitación se abre muy lentamente, a la par que las bisagras rechinan como si fuesen los gruñidos de un león hambriento.

-¡Buenos días!, ¿cómo has amanecído?, ¿tienes algún dolor?, dímelo, por favor. Anoche no pude conciliar el sueño por causa de la angustia, me pasé la noche en vela pensando en tu salud, hija mía.- (dijo Jane con aquel tono maternal que la caracterizaba, entretanto se aproximó hacia mí con una bandeja de plata entre sus brazos que transportaba una taza de chocolate caliente).

-Aquí te traje el desayuno junto con unas galletitas de vainilla.- (me sonrió amablemente).

Incliné la mirada hacia su rostro atestado por la preocupación.

-Estoy bien...- (respondí indiferente).

-¿Segura que te encuentras bien?, si tienes algún dolor no dudes en informármelo, hija mía.- (insistió ella cuando me acarició el flequillo).

La fulminé de una sola mirada, al tanto que alejé sus manos de mi cabello.

-¡No me toques!- (grité bastante enfurecida)- ¡No me vuelvas a decir "hija", yo no soy nada de tí!, y deja de fastidiarme quiero estar sola. ¡Véte de aquí y llévate tu maldita taza de chocolate!- (concluí, mientras arrojé la bandeja al suelo).

Precipitadamente bajé de la cama y me coloqué las pantuflas para luego aventurarme a descubrir los rincones ocultos de mi nueva casa.

Sin más preámbulos, comencé a deambular por los intrincados pasillos de la antigua construcción, hasta que de pronto me topé con una misteriosa e incómoda habitación de paredes completamente pintadas en rojo (el color era muy similar a la sangre) donde los rayos del sol no iluminaban ni siquiera un poco. Las ventanas estaban selladas con enormes trozos de madera muy antiguas y agrietadas que dejaban apreciar una vista espectacular al hermoso bosque nuboso.

Temo decir que la extraña habitación era un lugar sumamente espeluznante con aires de tristeza y desolación.

-¿Quién podría vivir aquí?, hace mucho frío y es muy oscuro.- (pensé en voz baja, mientras encendí el flash de la cámara del móvil y de esa manera poder iluminar el camino).

Empecé a explorar aquel tétrico lugar desde todos sus ángulos, hasta que de un duro tropezón, me encontré con una especie de féretro muy pequeño y en la cual se hallaba una sudadera blanca con múltiples salpicaduras de sagre.

Comencé a asustarme por causa de la impresión; fue entonces cuando decido huir, pero la puerta se cierra de un fortísimo golpe.

-¡Ayudame Jane, estoy encerrada aquí sin oxígeno y sin luz!, ¡Auxilio!- (vociferé desesperada, mientras dejo caer accidentalmente el teléfono y doy golpes a la puerta).

Repentinamente, la luz del flash comenzó a parpadear e iluminar a una sombra humanoide, era una silueta sumamente delgada y alta, sin rostro y con una especie de tentáculos que danzaba detrás suyo.

-¡Quién diablos es usted!- (grité bastante asustada, a la par que la transpiración empapaba mi ropa).

Aquella sombra oscura se avalanzó contra mí con la intención de entregarme una hermosa rosa blanca manchada en sangre junto a un sobre de correspondencia.

-Me llamo Slenderman soy amigo de Jeffrey, él me ha pedido el favor de entregarte esta rosa y esta carta.- (articuló el hombre con su voz ronca y demoníaca para luego desaparecer entre la penumbra de aquella habitación).

-¿Jeffrey?, ¿quién es él?- (me cuestioné, mientras abrí el sobre).

Las letras estaban escritas con hollín y tenía varias huellas de sangre manchadas sobre el papel arrugado. La carta era muy romántica y decía lo siguiente:

«Soy un tonto al haber abusado de ti, espero que puedas perdonar mi instinto salvaje. No fue intención mía causarte esa herida que no sanará jamás. Eres como una polilla oscura que vuela bajo el pálido resplandor de mi alma contaminada por la maldad. ¡Nunca antes me había enamorado de alguien tan especial, tan similar a mí!. En estos momentos, lo único que deseo es tu perdón.

*Post Data: «Desde la primera vez que tus ojos contemplaron los míos..., no logro despojarte de mis recuerdos. ¿Y sabes por qué?, por el simple hecho de haber despertado una tempestad de ilusiones dentro mío».

Tu admirador enamorado: JEFF.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!