Untitled Part 2

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Capítulo 2

La adolecente despertó. No había abierto bien sus ojos cuando dijo:

— ¿Papi que me pasó?

Estaba boca abajo y al no obtener respuesta alguna, se reincorporó. Vio que no había nadie a su alrededor. Empezó a masticarse las uñas de su mano derecha, luego de ambas. El miedo y la preocupación se leían en su rostro, más al rato sintió alivio al mirar hacia arriba y ver que el cielo era de color blanco y las nubes eran azul claro.

— ¡Estoy soñando!

Vio, no tan lejos, lo que parecía ser un pueblo. Empezó a caminar hacia esa dirección. En el trayecto iba notando ciertos detalles. La grama era de color rojo. Las hojas de los árboles eran de ese mismo color, aunque le intensidad variaba en cada tipo de árbol, arbusto y planta. Lo que no variaba era el color de los tallos, ramas y troncos, negro intenso. En un momento dado se detuvo frente a una planta que medía lo mismo que ella, arrancó una flor de tres pétalos, cada pétalo con un color diferente: anaranjado, violeta y marrón claro. La olió, estornudó, la olió de nuevo. Esta vez no estornudó. Dejó caer la flor siguiendo su marcha...

En un momento dado, ya no caminaba por un camino de tierra, lo hacía en uno que parecía estar hecho de brea blanca. Entró al pueblo, más bien parecía un centro comercial al aire libre. Era como si le hubiesen arrancado el techo a un centro comercial como los que ella conocía. Tenía hasta escaleras eléctricas en sus tres niveles pero no estaban funcionando. Aun así el lugar estaba repleto de personas de diversas razas y diferentes tonalidades de piel. Ella caminaba entre ellos, vestía con su uniforme escolar azul marino y una camisa tipo polo, blanca. Notó que todos hablaban el mismo idioma.

En las tiendas se vendían diversos artículos y diferentes tipos de ropa, algunos estilos le eran familiares, otros no, como un pantalón y una camisa hecho de pluma de diversos colores. No solo las vio en diversas vitrinas de la tienda. También las observó puestas en algunas personas. Le llamó la atención que las personas pagaban las mercancías con monedas de colores que parecían estar hechas de metal, roca o algún material parecido. De hecho, se encontró una moneda anaranjada que estaba tirado en el suelo con la efigie de un sujeto desconocido para ella y con una inscripción alrededor que decía:

¨En Cornelius confiamos¨. El otro lado identificaba el valor de la moneda: 100 centavos, un dólar.

Se le cayó la moneda cuando tropezó con alguien, justo cuando comenzaba a subir por las escaleras. El sujeto con el cual tropezó, que aparentaba ser un adolescente también, la auxilió y ayudó a levantarse.

— ¿Estás bien?

—Sí. No te preocupes. Estaba mirando hacia otro lado despistada. Me pasa a menudo.

— ¿Eres de por aquí? —le preguntó él.

Ella le contestó sorprendida:

— ¿Qué?

—De que parte de Ciudad Mundial ¿Eres de aquí, del sector Viejo?

—! Eh! ¿Tú?

—! Oh! Disculpa, mi nombre es Lois, Lois Teboni, oriundo del sector Laguna Grande.

—Mi nombre es Yamirelis, Yamirelis Bolé. Soy de San Juan, Puerto Rico.

—! San Juan! Me suena. ¿Y cuántos años tienes?

—Recién cumplí. ¿15 y tú?

—17.

Ella iba hablarle otra vez pero se puso a mirar alrededor. Sonriendo dijo:

—Qué sueño más extraño tengo. Eres lo más normal que he visto hasta ahora. Vistes parecido a los muchachos que conozco.

— ¿Sueño? ¿De qué hablas Yamirelis? —le preguntó algo nervioso.

— Lo extraño es que no recuerdo haber ido a la cama. Lo último que recuerdo es que yo iba saliendo de la escuela y... Debí haberme dormido en el auto de papi. Creo. No sé. Yo...

Ella dejó de hablar cuando observó que Lois estaba perplejo. Este último reaccionó y le dijo:

—Mencióname algo de dónde vienes.

— ! Qué! —exclamó la joven.

—Ya sé: Debes ser buena en Geografía.

—Algo —dijo ella.

—Mencióname una ciudad del mundo.

— ¿Perdón?

—Una cuidad del planeta que sea muy conocida.

— ¡Eh! Nueva York.

— ¡No puede ser! No puede ser.

— ¿Estás bien Lois? —preguntó ella para luego empezar a masticarse las uñas.

—Dime el nombre de cualquier ex-presidente o en funciones, o primer ministro, rey, en fin, cualquier jefe o político de cualquier país en cualquier época. Que sea famoso o muy reconocido.

—Preguntas fáciles. A ver. Georges Washington, Nelson Mandela, Barack Obama y —la interrumpió él diciéndole:

—Sí, lo sospechaba.

— ¿Qué sospechabas?

—Eres una diona —gritó él.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!