EXTRA | Noah Ross

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[ACLARACIÓN: La historia de Noah antes de la CDI se desarrolla en varias etapas, que resumiré al máximo. Esto es para que veáis como fue su infancia y adolescencia de manera breve e intensa.]

4 AÑOS

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4 AÑOS

Noah abrió los ojos de repente. Confundido, adormilado y con la respiración lenta pero con latidos rápidos. Como si le hubieran pegado un susto. Se acomodó en su cama sentado, observando como todos los niños a su alrededor estaban dormidos plácidamente. Él era el único despierto.

Ciertas voces eran las que le habían despertado. Sonaban desde afuera. Intrigado, se levantó de su cama dando ligeros pasos en dirección de la puerta, sintiendo el frío suelo debajo de sus pequeños pies desnudos.

Abrió un poco la puerta, con delicadeza para no ser descubierto.

—Ya he cumplido con mi documentación. ¿Puedo verlo una última vez?—preguntó una voz, que Noah reconoció al instante.

Era su abuela, Emelie, de unos ochenta y cuatro años y que según había entendido, le iba a dejar en el orfanato porque estaba algo "malita".

—Lo siento, señora Ross, no está permitido ver a los niños a éstas horas. Es para evitar despertar a los demás—Lauren sonrió con amabilidad—. Le podría ver mañana.

Emelie, relamió sus labios algo resecos y dijo con tristeza:

—No puedo. No...me es posible.

Lauren asintió en silencio.

—Dile, de mi parte, que se cuide de sí mismo. Por favor .—pidió forzando el agarre de su bolso.

—De seguro que lo haré. Descuide.

Emelie sonrió y se dio la vuelta.

—Ah y deseo que mejore, señora Ross.

La anciana la miró arqueando una ceja con desconfianza.

—Me refiero a su enfermedad. Me dijeron que estaba enferma.

Emelie cambió su expresión a una amargada. Noah sintió el cambio repentino, y apretó sus labios algo asustado por lo que venía a continuación.

—Es terminal. Ya lo verá en la documentación.

Ante ello, no hubo respuesta alguna. Lauren no sabía que decir de la estupefacción que sentía.

Tras varios segundos en silencio, Emelie se alejó hasta salir de la zona.

Una lágrima se deslizó por la mejilla de Noah. Él no comprendía el sentido de la palabra "Terminal" aún. Pero sentía que era algo malo. Que su abuela tenía algo malo, y que esa era la razón por la que no podía cuidarle más.

“Pobre mujer. Menuda vergüenza. Va a morir”

Aquella voz le provocó una fuerte confusión a Noah, juntado con un ligero dolor de cabeza.

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