Capítulo 2

1K 73 106
                                    

Corre Dagna, Corre.

— Un admirador atractivo y secreto  que al final está conmigo por mis órganos — pensé en mi mente.

Quería calmarme, la cruda verdad es que siempre fui paranoica. Vamos, mi nombre no era único, cientos de chicas se llamaban Dagna y que él chico a mi lado tuviera escrito mi nombre en su brazo no ponía en peligro mi vida, ¿o si?


Observé al loco degenerado con aspecto de daños psicológicos.

Lo detesté.

Por ser guapo y tener un genio insoportable. Además estaba siendo culpable de todas esas historias que mi loca cabeza pensaba para orillarme a la histeria. Tomé la decisión de no hacer un escándalo en pleno viaje y eso fue mucho.

— ¿Qué? — se quitó un auricular y me observó con fastidio.

—Tú brazo...— mi dedito tembló al señalarlo.

— Tiene venas  y una buena oferta, mano incluida con uñas de regalo. Sorpresa, también tienes dos — rodó los ojos al mostrarme su brazo, y retomó aquella postura de ignorancia.

Y vaya que quería arrancarle su perfecto cabello y deformarle la nariz. Pobre, iba a colocarse nuevamente el audífono, cuando empujé su hombro y le exigí verme.

Sus ojos cayeron sobre los míos, no parpadeó, no dejó escapar ningún suspiro, me dio su atención totalmente y una sonrisa que empezaba a sentirse  fascinada por la diversión.

Mugre de persona.

—Bien, ya aprendí la lección, disculpa. ¿Es eso lo que querías oír? — me valió la visión que tuvieran las personas sobre mí, parecía una loca, realmente estaba creyendo tal impresión sobre mí.

— Debiste aceptar las pastillas que la anciana te ofreció, loca — jugó perfectamente bien con su mirada, el tono de su voz le hizo buena compañía a la tortura que me dio. Fue tan fría que pude sentir como corrompía mi alma, dándome razones para alejarme.

Cosa que no hice.

A mí nadie podía llamarme loca bueno, solo yo. ¿Pero él qué se creía?

Sínico.

—Ese es mi nombre —lo señalé por tercera vez— no quiero que esté ahí, ¿por qué lo tienes escrito en tu brazo? ¿Me estás siguiendo? ¿Piensas secuestrarme?

Mi histeria escapó, por su culpa.

—Repudio tanto calmar las excitaciones nerviosas que mi pobre presencia causa — una risa baja lo acompañó, recostó su cabeza en el asiento, y suspiró.

Tal vez él clamaba paciencia en una especie de conexión mental, o bien, su cerebro pensaba como me mandaría...

¿Pero qué?

El autobús se detuvo, él chico salió bruscamente del asiento, y  esta vez fueron sus piernas las que rosaron con mis rodillas.

Al menos no me pisó, qué sujeto agradable.

Levanté mi rostro y observé tras el cristal de color opaco, los faros encendidos hicieron que mis ojos brillaran, todo muy bonito y agradable hasta que mi atención cayó en la marquesina esplendorosa de la pastelería.

Me sentí tonta.

Mares de Egipto, empezaba a creer que en verdad estaba loca y definitivamente era una especialista en la exageración .

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora