la analogía del destornillador

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-Jarvis, llama a Pepper- dijo mientras ingresaba al único lugar donde sabía que nadie podía molestarlo.

-La señorita Potts se encuentra en una junta con socios de alta jerarquía muy influyentes en la empresa, Señor. No sería oportuno interrumpirla.

-Jarvis. Me importan muy poco esos monos con traje. Llama a Pepper.

-Como ordene.

Como lo supuso, Potts no contestó al primer intento. Su IA tuvo que tratar un par de veces más hasta que la quinta vez, atendió.

-Tony ¿Qué rayos quieres? Estaba en medio de una reunión muy importante.

-Peeeeeepps. Algo horrible sucedió.

-Al menos que estes internado en un hospital, o en coma o algo de esa magnitud, no me importa.

-Si, este es Tony Stark hablandote desde el más allá. Concentrate Pepper. Te digo que sucedió lo peor.

-Viniendo de ti, seguramente es una tontería. Como aquella vez que llamaste para decirme que tu destornillador favorito desapareció.

-¿Me dejarás contarte o seguirás tomándome el pelo? Y por cierto, mi pobre destornillador sigue desaparecido.

-Habla de una vez- Tony se pudo imaginar a su amiga rodando los ojos exasperada.

-Steve se besó con Natasha, justo frente a mis narices Pepper. Fue desgarrador, desolador, angustioso.

-¿Qué? ¿Hablas en serio?

Pepper sonaba curiosa y sorprendida. Tony sabia muy bien que, aunque no lo aparentara, a su amiga le gustaban los chismes. Cuando se juntaban parecían dos viejas chusmas susurrando y riéndose. No estaba seguro de lo que haría sin Pepper.

-Como lo escuchas Pepps, nunca pensé que Steve se atreviera a hacer algo así.

La verdad era que, a pesar de que estaba al tanto de que ya se habían besado antes, también sabía que se debía a que era necesario para no ser descubiertos en medio de una misión. De acuerdo, eso estaba justificado. Pero lo que acababa de suceder no lo estaba en absoluto. Tony jamás pensó que Steve haría algo asi frente a sus amigos, se imaginó que el rubio se alejaría de la mujer rapidamente, no se esperaba que el soldado le siguiera el beso. Se le vino a la cabeza la imagen de los labios de Nat pegados a los de Steven y apretó la mandíbula. Maldito capitán de pacotilla, desearía nunca haberse enamorado de él.

-Tony, pero ¿Cómo sucedió?

-Los estupidos de Clint y Bucky colgaron un muérdago en la entrada de la cocina. Steve y Natasha quedaron justo debajo y ya conoces las reglas. Por cierto, recuerdame que tengo que matar a la pareja de inútiles y luego voy a necesitar tu ayuda para desaparecer los cadavéres.

-Cállate Tony... No lo puedo creer. Aunque es la tradición Tones, no podían hacer nada.

-¡Podían no besarse frente a mi!

-¡Steve no sabe lo que sientes y es porque...- Tony frunció el ceño ante el silencio de su amiga. Pepper estaba gritando cuando se dió cuenta de que aún seguía en la empresa y varias personas la estaban mirando-. Es porque no se lo dices- habló mas bajo esta vez.

-No se lo puedo decir... Sabes que es complicado- se rascó la nuca nervioso y se dió cuenta que todo ese tiempo estuvo caminando de un lado al otro en su taller.

-No Tony, tu lo vuelves complicado. Nunca te vi dudar ni una sola vez cuando se trataba de tus parejas amorosas y ahora estás aquí, comportandote como una adolescente asustada que no se le puede confesar al chico que le gusta. Tu no eres asi.

-Pero es que ¡Ash! Steve es diferente.

-Es solo un hombre más.

-No, es diferente.

-La diferencia es que esta vez estas metido hasta el cuello Tony. Caíste fuerte.

-Lo sé- suspiró-. Pero no quiero perderlo por mi estupidez.

Tony escuchó como llamaban a su amiga desde el otro lado del teléfono y como ella les pedía un segundo.

-Me tengo que ir Tony, pero pasaré por la tarde y hablaremos de esto ¿De acuerdo?

-Si... Seguro. Gracias Pepps.

La llamada finalizó y el castaño suspiró con aire cansado. Caminó hasta el sofá y allí se dejó caer dramáticamente. Con las manos detrás de su cabeza, se quedó mirando a un punto fijo en el techo con cara de estupido mientras su cerebro trabajaba a mil por segundo.

-Te odio Steve Rogers.

Esa era una gran mentira, por más que lo intentaba no podía sentir otra cosa que no fuera esa asquerosa sensación de amor y afecto por el capitán. Ni siquiera recuerda como todo había comenzado. Tony estaba consiente de que toda su vida, o al menos desde que supo de él, había sentido una admiración por el Capitán America. Lo que no sabía era cuando fue que ese fanatismo inocente derivó en la llama flameante que eran sus actuales sentimientos.

Agh sentimientos.

Se levantó del sofá dispuesto a buscar y encontrar su destornillador como forma de distracción. Estaba seguro que no lo había sacado del taller, no podía estar muy lejos.
Levantó los cojines del sofá, se fijó debajo de las mesas, incluso le pidió a Dummy y a Babbas que lo ayudaran, pero no aparecía. Tony ya se comenzaba a irritar y no estaba seguro si era a causa de su herramienta perdida.

Despeinó su cabello con una mano mientras que con la otra se rascaba la frente. En algún punto se le cruzó por la mente que lo que estaba sucediendo ahora mismo tenía mucho que ver con su vida amorosa, claro, Steve podía ser su destornillador favorito y Tony lo buscaba, se esforzaba muchísimo, pero cuando más lo deseaba menos posibilidades tenía de encontrarlo. Bueno, no era su mejor analogía, pero en fin. Si todo seguía de la misma forma que hasta ahora estaba seguro de que Steve nunca le haría caso, su herramienta no aparecía por ningún lado y su vida se estaba comenzando a tornar en una tragedia digna de Shakespeare. No, eso era una exageración.

Había perdido la cuenta de cuántas veces maldijo al capitán en su mente. Todo sería más facil si tan solo Steve fuera un bastardo, pero no, obviamente tenía que ser una dulzura de hombre y tan solo para empeorar la situación, tenia que estar bueno como el demonio. Suspiró cuando en su cabeza se volvió a reproducir el beso del que fue testigo temprano esa misma mañana. No estaba consciente de cuanto tiempo llevaba allí encerrado pero al parecer no lo suficiente para olvidar como las manos de Steve tocaban a Natasha.

El hecho de que el capitán no se hubiera separado de ella le taladraba la cabeza como un pájaro carpintero. Le molestaba pensar que quizas se debió a que lo estaba disfrutando. Le dolía que, si hubiera sido Tony  quien se tenía que besar con él quizás lo hubiera rechazado, amablemente, pero rechazado en fin.

Todas esas cosas le hicieron pensar: ¿Por qué no?

No perdía malditamente nada con decirle al rubio súper caliente que tenía como compañero lo que sentía por él. Si, existía un 99,99% de posibilidades de ser rechazado, empezando por el hecho de que Steve era heterosexual, hasta de que se trataba de Tony Stark ¡Dios santo! ni aunque Rogers fuera el mas gay de todos los gay se fijaría en él, pero ya no podía guardárselo más.

A paso decidido salió del taller. Jarvis le había dicho que Steve se encontraba en su habitación asi que allí se dirigió. Los nervios comenzaban a burbujear en la parte inferior de su estómago pero ya no había vuelta atrás.
Tragó el nudo en su garganta antes de golpear tres veces la puerta del cuarto de Steve. Llevó las manos a su espalda y jugueteó con ellas impaciente.

Se estaba comenzando a cuestionar su idea, a veces -casi siempre- su maldita impulsividad lo metía en problemas y esta parecía ser una de esas veces.

𝘴𝘶𝘤𝘦𝘴𝘰𝘴 𝘪𝘯𝘰𝘱𝘰𝘳𝘵𝘶𝘯𝘰𝘴 >> 𝐬𝐭𝐨𝐧𝐲 ¡Lee esta historia GRATIS!