Capítulo VII

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Corrí, y corrí, aún escuchando la voz de la princesa detrás de mí, clamando mi nombre.

No paré hasta llegar a mis aposentos, cerrando la puerta y apoyándome en ella para recuperar el aire.

Por todos los dioses, yo, Clarke de la casa Griffin, he faltado al respeto a mis ancestros de manera inimaginables, falté a toda norma de etiqueta y comportamiento escritas en papel y pluma, esto sobrepasa todo aquello que es correcto, seguro mandarán que me corten la cabeza, he perdido a una buena amiga, al menos...

En absoluto pánico, terminé por quedarme dormida en mi cama.

Al despertar, una imperiosa necesidad entre mis piernas invadió mis sentidos, está era una clara señal de que mi celo estaba cerca, tal y como lo sospechaba, la princesa Lexa contribuyó a acelerar mi tiempo, maldita sea, esto de verdad era malo.

Aún no estaba en pleno apogeo de mi celo, sin embargo, tampoco podía permitir que nadie más se aproximara mucho a mí, particularmente cierta alfa de ojos verdes.

Para no levantar sospechas, debía desayunar, sin mucho arreglo, tomé mi bata de cama, y llamé a Rita.

- ¿En qué le puedo ayudar Lady Griffin? - preguntó educadamente la muchacha.

- Envía el desayuno, y dile a mi madre que venga aquí, un asunto de Omegas, necesito su apoyo. - dije con total normalidad, debía permanecer impasible ante la situación.

- De inmediato señorita, con permiso. - dijo la Omega mientras hacía una pequeña reverencia y abandonaba la habitación.

Minutos más tarde, la sirvienta apareció de nuevo, está vez acompañada de mi madre y una bandeja con mi desayuno.

- ¿Qué sucede hija? Rita me ha comentado que solicitaste mi presencia ¿que sucede? - preguntó mi madre sentándose a mi lado en la cama.

- Es al respecto de... Mi tiempo... Tu sabes.- dije totalmente acalorada.

- ¡Pero si aún no corresponde! A menos que... Haya sido por la princesa... ¿Crees que haya adelantado tu celo? - preguntó mi madre con curiosidad.

- Sin dudas, pero eso no es importante ahora, debemos ocuparnos de inventar un buena excusa para tu muy obvia ausencia, quizá la excusa de un simple resfriado baste, y por nada del mundo hay que dejar que la princesa se acerque mucho a sus aposentos... Rita, busca a tu alfa, necesito que rinda servicio al cuidado de mi hija - dijo mi madre con cierta tranquilidad. Este plan era ridículo, sin embargo, necesario.

- Bien, como ordene, traeré a Trista, ella evitará que alfas curiosos se acerquen mucho, ¿Quiere que le traiga algo para el dolor o algo así? - preguntó la Omega con cierta ternura en la voz.

La primer cosa que me cruzó por la mente que podía necesitar, fué algo para calmar los calores; en el fondo de mi mente, mi Omega pidió desesperada un alfa, pero no cualquier alfa, necesitaba a Lexa, sin embargo, no podía pedir tal cosa, por lo que solo pedí una tina de agua fría.

- Bien, con permiso. - dijo la Omega antes de retirarse.

- Te dejaré hija, iré a dar tus disculpas, no te preocupes. - dijo mi madre antes de depositar un pequeño beso en mi frente y salir por la puerta por donde entró.

Bien, ahora sí que estaba jodida, mis anteriores celos no habían sido para nada fáciles, había tenido que recurrir a varios objetos para calmar la humedad en mi entrepierna, en otras ocasiones, toda mi habitación en casa había quedado desecha, las mantas de mi cama totalmente arruinadas y las cortinas desgarradas.
Mi loba era muy sensible durante el celo, por eso cualquier cosa se volvía un atractivo para ella, sinceramente no quería que eso sucediera, por lo que en cuanto Trista estuvo apostada en mi puerta, le pedí que retirarse las sábanas y cortinas, dejando solo algunos objetos que no se romperían si mi necesidad de veía muy violenta.

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