» Capítulo VIII

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La primera vez que JungKook notó la presencia de TaeHyung, fue el día de la propuesta. Sí. Recuerda haber observado por medio minuto aquellos cabellos castaños, los orbes cafés y la gota de sudor que pasaba por su frente.

     Después de aquellos días, decir que TaeHyung era fácil de tratar, para nada. Mucho menos que era alguien a quien quisiera conocer. El chico era frágil, mediocre, un payaso total. Lo sacaba de quicio. Siempre con una sonrisa plantada, y por más que lo hiriera, y lo hiriera y lo hiriera e hiciera todo lo malditamente posible por mantenerlo alejado, el chico parecía un can que regresaba con su amo cuando éste estaba cerca.

    ¿La opinión de TaeHyung por parte de JungKook? Probablemente la persona más tediosa que haya conocido.

     — JungKook —la mano de TaeHyung cae delicadamente sobre la puerta del chico que está durmiendo en su recámara. Toca unas cuantas veces antes de tomar entre sus manos el pomo de la puerta, sin girarlo—. JungKook, ya está lista la sopa. ¿Vas a comerla?

    Tedioso. Insistente. Sonriente. Amable, demasiado amable. Emocionado por todo. Ilusionado. Risueño. Una combinación de distintos tipos de sentimientos.

     — ¿Tengo otra opción?

     — Entraré a dartela yo mismo si no te levantas —dice el chico del otro lado de la puerta.

    Kim TaeHyung le recordaba a su madre.

    Quizá por eso era un poco más difícil herirlo con fuerza.

    JungKook se puso de pie, sin esperanzas de que la dicha da sopa supiera bien. La comería porque no quería que el niñito se pusiera a llorar. Se lo imaginaba: aquellos ojos grandes, medio llorosos; los cabellos castaños cayendo como si fueran lejanas lianas, y su manos jugando entre ellas.

    Cuando JungKook abre la puerta, nota que se hace ligeramente tarde. Probablemente hayan pasado unas dos o tres horas desde que llegaron. Abre los ojos por un segundo, con la impresión cayendo por su expresión ya que el tiempo durmiendo se pasó volando. La casa, a como propusieron en un principio, estaba totalmente limpia.

    Sus ojos giran en su entorno y... Un momento.

    — ¡¿Qué demonios haces con eso puesto?! —la voz de Jeon sale impresionada y estupefacta.

    TaeHyung por otro lado, igual de confundido mira hacia abajo. Sus cejas caen en un arco curvado hacia abajo y sus labios en un puchero ligero. Después, vuelve a alzar los ojos hasta JungKook.

    — Es un delantal, lo encontré por ahí. No quería ensuciar mi uniforme.

     — Quítatelo, Poochie. Es demasiado... No, simplemente se ve mal —se ahora decir que es como si fuera su sirviente.

    A TaeHyung le gusta que JungKook le llame Poochie. Era original, sonaba bonito y estaba seguro de que le recordaba a algún personaje. Haciendo caso a lo que JungKook le dice, las manos de TaeHyung se van hasta el hilo del ropaje y se lo quita. Sus pasos se dirijen directamente a la cocina y, pasando un plato hondo recién servido, voltea a ver a JungKook con una sonrisa.

    — ¿Dormiste bien?

    — Tu preocupación me altera mucho. Actúas como una madre preocupada.

     — Soy un novio preocupado —TaeHyung le alienta a sentarse con gestos—. ¿No es casi lo mismo?

     Cuando JungKook se sienta, puede sentir el humito del caldo entrar por sus fosas nasales. Inmediatamente se siente apegado a pensar que hacia tiempo la comida en casa no realizaba presencia. Esbozó una pequeña sonrisa. Pero las palabras de TaeHyung, le hicieron borrarla.

    — Te gusta mucho esa palabra, ¿no? —pregunta viendo a TaeHyung—. La palabra "novios".

     El castaño se alza de hombros. Antes que nada, sentado delante de JungKook, recarga la barbilla en su puño y suspira. Analiza al chico, que con algo de temor y vergüenza comienza a cucharear la comida.

    — Supongo que es la única palabra que puedo usar estando contigo —admite en voz alta. El de adelante le mira con una ceja alzada, provocando que Tae se cubra el rostro con ambas manos—. No es lo que quise decir.

    Aparte de todo, JungKook odiaba de TaeHyung que era de esos chicos extremadamente nerviosos. Hablaba sin pensar, después se retractaba. Las personas así lo sacaban de quicio.

    El pelinegro da otra cucharada antes de notar cómo TaeHyung tenía la mirada perdida en algún punto del lugar. JungKook piensa en lo rica que ha salido esa cosa, pero no lo dice. Un ligero dolor de cabeza se instaura aún, pero no quiere actuar como si estuviera muriendo. Es decir, no está muriendo. Pronto estría mejor y en cuestión de horas, el día siguiente, podría ir de nuevo a la escuela con ese tonto chico.

    — ¿Entonces qué querías decir? —busca que TaeHyung salga de aquel trance.

    Sin embargo, aquel ser puro mira a otro lugar contestando a la vez.
 
      — En realidad, JungKook, no tengo otra manera. No puedo decirte cariñitos o esas cosas porque hasta donde sé no te gusto.

    Jamás lo había escuchado hablar más en serio. Pero tenía razón. De todas maneras no se lo iba a recalcar porque sería ser demasiado cruel. Y, a pesar de todo, aquel día el chico lo acompañó hasta casa y estuvo ahí hasta esos momentos.

     — No me gustan los cariñitos —vuelve a hablar el de piel blanca, dando otra cucharada y sorviendo de la bebida—. Realmente, ni siquiera me agrada la palabra novios.

     — Lo lamento, no tenía idea.

    — Pff, seguro que no. TaeHyung, no me lo tomes a mal —Oh, no, la crueldad iba a salir de su corazón. Pensó un momento lo que diría, antes de gesticular con sus manos—... Mira, cuando alguien te gusta, lo que debes hacer es actuar seguro.

    ¿Le está dando consejos para conquistarlo? No. No. Aquí hay una cosa. JungKook sabe cómo actúan los demás, sin embargo, no es como los demás.

    Realmente, no sabía qué era lo que podría llamarle la atención de alguien más. No ha pasado esa fase y estaba muy bien, gracias. No le molestaría tener a alguien a su lado, pero que no fueran igual de huecos en el sentido de tomarle gusto a alguien. Era lo que le molestaban de todas las relaciones actuales. Se dejaban llevar, más que nada, por la popularidad y el físico, y de vez en cuando, la personalidad. Estaba bien hasta ahí. Pero el tiempo era problema. Dos días de conocerse, un mes, seis meses... Era muy poco tiempo a su parecer.

    El querer estar con una persona te lleva demasiado tiempo. De otra manera, ¿qué tan mal la conoces?

     — No me funciona nada contigo —escucha de nuevo TaeHyung. La voz del otro cada vez se hace más apagada—. De verdad lo estoy intentando.

     JungKook se siente mal. ¿Por qué demonios se parecía tanto a esos chicos de los animes? Eso no era para nada bueno. Creyó, por un momento que hasta era un problema. Bajó la vista, comiendo de nuevo justo por terminarla.

    — Lo sé —dice.

     — Pero no veo avances —vuelve a decir TaeHyung—. Ni siquiera sabía cómo hacer una sopa, tuve que buscarlo. ¿Soy patético?

     Apiádate del alma de un pobre chico. Actúa por sentimientos y déjate llevar.

     — Todo esfuerzo tiene su recompensa, Poochie —dice JungKook.

    Los ojos de TaeHyung se alzan, con una pizca de emoción. Recobrando aquellos ánimos con los que llegó, vuelve a recargar la mandíbula en su mano y mantiene los ojos apegados a los de Jeon JungKook.

    Soporta todo, menos esa mirada risueña estúpida.

    La palma del pelinegro cae sobre la cara de TaeHyung con mucha delicadeza, mientras que suelta una risa.

    — No me mires así. Pareces un idiota enamorado —JungKook dice, alejando lo más posible a TaeHyung de él—. Ahora, come. El hecho de comer sólo me hace sentir más enfermo, Poochie.

Love Ends // kookv¡Lee esta historia GRATIS!