Capitulo 4. ¿Qué estabas esperando?

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Los Owen no dijeron nada. No sabían qué decir. En sus mentes se había formado un laberinto de preguntas cuyas respuestas llevarían con toda seguridad a más, y no sabían por dónde empezar. Ni si estaban preparados para ello.

—Si tenéis alguna pregunta... —dijo John.

Jimmy se levantó de golpe de su asiento ahogando las palabras del hombre y abandonó el aula ignorando que Sam estaba junto a la puerta. John lo siguió.

—¿Qué es lo que pasa, Jimmy? —se interesó.

Parecía mentira no haber intuido la reacción que iba a tener su hijo adoptivo cuando se enterase de toda la investigación que había llevado a cabo al margen de él.

—¿Que qué es lo que pasa? —dijo Jimmy al darse la vuelta, no creyéndose lo que le había preguntado—. ¿Que qué es lo que pasa? —repitió.

—Te prometí que te ayudaría y es lo que estoy haciendo.

—No sabía que tenías suposiciones acerca de mi familia. Todo lo que acabáis de soltarnos ahí dentro... —Lo miró fijamente a los ojos con los suyos cambiados de color—. ¿Cómo has podido?

—Es complicado —se limitó a decir.

—¿Complicado para quién, John? ¿Para ti? Llevo desde los dieciséis años preguntándome qué demonios me pasaba y tú lo sabías. Y no me lo dijiste. —Su tono empezaba a sonar algo desesperado—. ¡Sabías quién era desde el principio y... Dejaste que me sintiera así! —gritó y lo miró—: Me pregunto si no lo planeaste todo. Lo de adoptarme y traerme aquí... ¡Para poder estudiarme!

—Puede que toda la culpa no sea mía, Jimmy. Tenías dieciséis años cuando tu madre murió. Las cosas habrían sido más fáciles si ella te hubiera hablado de esto antes.

—No te atrevas a culparla, John —advirtió en tono amenazador—. No la conocías. —John hizo una mueca involuntaria—. ¿La conocías, John? —Él no contestó—. ¡¿Conocías a mi madre y tampoco me lo dijiste?!

John no pudo soportarlo más. Apretó los puños para reunir las pocas fuerzas que le quedaban y dirigió su mirada temblorosa al chico.

—Lo siento, Jimmy. Debí habértelo contado —admitió.

Jimmy lo miró con rabia. Tenía ganas de golpearlo, pero se resistió al ver a Sam al fondo del pasillo junto al marco de la puerta del aula.

Mientras, en el interior de la clase el resto de los Owen permanecían sentados en silencio. Blair miraba a través de la ventana como el bosque perdía sus colores al hacerse de noche; Gary permanecía con la cabeza baja y los brazos cruzados, con la mirada fija en el suelo; y Robbie observaba la tranquilidad que aparentaba Mark, como si nada de lo que había escuchado le hubiera afectado.

—¿Cuántos años tenían mamá y papá? —preguntó Mark de repente.

Había estado intentado calcular mentalmente los años que habían pasado desde los hechos que John había contado hasta la muerte de sus padres, y le había resultado imposible de creer.

—No sé... ¿Cientos? —preguntó Robbie a su vez.

—Eso no es posible. —Lo miró.

—Al parecer en nuestro nuevo mundo sí lo es —dijo Gary y los miró—: ¿Creéis que tenemos veinte años o es sólo la edad que aparentamos?

Antes de que ninguno pudiera responder, Jimmy volvió a entrar en el aula. Sam lo hizo a continuación, permaneciendo en el marco de la puerta, y tras ella John. El silencio perduró en la habitación unos minutos más.

Los Guardianes (I): OcasoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora