•diecinueve•

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─¿Ya acabaste? ─pregunta un chico de rizos chocolate el cual se encuentra sentado justo delante de la cama del castaño. Sus piernas están cruzadas y juega con una pequeña pelota que Louis le ha prestado para que se entretenga ─haga silencio─.

─En un momento, Harold ─responde el pequeño desde la cama. Su vista está clavada en su cuaderno y con un lápiz amarillento se encarga de escribir palabras y más palabras.

─Tardas mucho. ─Harry suspira, aburrido─. Tengo hambre, coqueto. Mucha hambre.

La cosa es que, después de su beso en el estacionamiento, Louis le dijo al rizado que antes debía terminar una tarea y, sorprendentemente, Harry se ofreció a acompañarlo.

Louis no quiso preguntar por qué, solo se permitió disfrutar de ese ligero cambio en el chico de sus sueños, el cual justo ahora bota aquella pelota contra el suelo una y otra y otra y otra vez.

─Basta, Harry ─dice el ojiazul cuando el ruido ha empezado a molestarle─. Si quieres ir a la cocina y prepararte algo no tengo problema, pero en serio debo terminar este reporte. He estado fallando mucho en la escuela por, bueno... cosas.

Sin embargo, eso solo parece despertar la curiosidad del más alto, ya que, aunque deja de botar la pelota; dice lo siguiente:

─¿Ocupado soñando conmigo? 

Bien, Louis pone los ojos en blanco y después mira al rizado.

─Sí, Harry ─responde sarcástico─. Soñando contigo.

El chico frunce el ceño y le mira graciosamente ofendido.

─El sarcasmo no te va, pitufina insolente ─dice y tira la pelota hacia la cama, sin embargo, el objeto esférico impacta contra el rostro de Louis y éste arruga su nariz con molestia y dolor.

─¡Harry! ─exclama enfadado.

El aludido suelta una fuerte carcajada; su cabeza se inclina hacia atrás y lleva las manos a su vientre.

¿Cómo es que llegaron a eso?

¿Cómo siquiera están ambos en la habitación de Louis?

El pequeño frota su rostro suavemente con una mano intentando aminorar el dolor y, Harry, bueno... Harry continúa riendo como un completo bobo.

Y, en momentos como esos, Louis está completamente seguro de que el rizado tiene 10 años y que los cigarrillos que fuma son de mentira. Una farsa.

─¡No es gracioso, imbécil! ─exclama el más bajo; entrecejo arrugado y dedos apretando el lápiz.

─Claro que lo es, coqueto ─responde el ojiverde con una sonrisa─. Tu nariz está malditamente roja y ahora eres una fea versión del puto Rodolfo el reno.

Louis entonces, gira su rostro hacia el espejo de un costado y, efectivamente, su nariz está completamente roja, y, eso quizá le hace formar una pequeña sonrisilla.

─Estúpido ─dice en bajito cuando ha iniciado a reírse de sí mismo.

Harry le ve divertido. Él ya no ríe pero aún así sigue burlándose; Louis lo sabe.

─Te ves medio lindo ─dice con sorna y algo de ternura.

El castaño reprime una sonrisa mordiéndose la esquina de la boca.

─Harry idiota ─dice suave─. No concibo que un ser humano tan estúpido como tú viva en mi cabeza, en mis sueños y en mi corazón.

Bien, ahora la sonrisa que había en los labios gruesos se desvanece y solo queda una mirada de confusión.

Strawberries and Cigarettes.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora