Capítulo 3

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El misterio de la vida no es un problema a resolver, sino una realidad a experimentar (Frank Herbert)

Abro mis ojos lentamente debido a los pequeños rayos de luz que destellan en la ventana. Con cansancio logro estirar mis diminutos músculos y me fijo en mi entorno.

Claramente no es mi habitación.

Es muy lujosa para mi gusto.

Siento algo moverse entre las sabanas y pego un pequeño grito.

-Silencio- dice una voz ronca.

Tras unos minutos recuerdo lo que había sucedido.

Esperen.... entonces él es..... ¡Oh mi dios!

-Tienes una forma muy peculiar de despertar a las personas- espeta con burla.

Mi cara justo ahora es como un tomate.

-Lo siento.

-Descuida, ayer te desmayaste en el auto y me sentí responsable de lo que te podía ocurrir, un médico ya te reviso y explicó que el desmayo fue producido por la impresión fuerte que llevaste.

Será posible que esto sea un sueño

-No lo es, ¿por qué tendría que serlo?

Si me sentía avergonzada antes créanme que justo ahora quisiera desaparecer.

-Digo pues tú eres una persona muy famosa y yo sería una chica normal.-digo con una voz casi audible.

-Serias una belleza.

Justo como en las historias de amor me giña un ojo.

¿Acaso está coqueteando conmigo?

Minutos después como todo un caballero se ofreció a darme un tour por su humilde casa.

Acaso este hombre estaba tomándome el pelo.

¿Cómo puede llamar casa a una mansión?

Pero sin embargo tengo una duda inmensa.

¿Qué haría una persona famosa como el en una plaza nada lujosa comparado con los excéntricos lugares que puede visitar, y por qué me ayudo si prácticamente podría haber muerto allí?

Pero no se lo preguntaría.

-Señor el desayuno está listo- comunica una señora del servicio.

El desayuno transcurría algo incómodo para mí, puesto que tenía los ojos sobre mí de una forma nada disimulada.

-¿Acaso tengo algo en mi cara?

-¡NO!, solo que me resultas familiar.

No quería estar más tiempo aquí, es mi ídolo quien no querría estar con él, pero debo ir a mi casa y luego al trabajo.

-¿Te puedo llevar a casa o preferirías al chofer?

-Como gustes, digo tendrás tu obligaciones y no quisiera molestar

-Te llevare yo- sonríe

Mentiría si digo que este hombre solo tiene un auto.

¡Pero Dios es Nicholas Coleman este hombre tiene 7 autos!

¿No me digas que uno para cada día de la semana?- digo con burla

-De hecho cada uno es para alguna ocasión.- espeta con orgullo

Puffffffffffff

¿Y un Mercedes Benz Gle 350 para que ocasión seria?

-¿Cómo sabes de autos?-pregunta sorprendido.

-Existe el internet- digo encogiéndome los hombros

-Valla si sabes cómo conquistar- espeta con burla.- y respondiendo a tu pregunta solo lo utilizo para no llamar la atención.

-¿Crees que con este auto no llamas la atención?- digo sorprendida.

-A mi parecer no lo hago.- sonríe

¡Por dios! Juro que donde vuelve a sonreír me desmayo.

Bueno no es para tanto pero tiene uff una sonrisa extremadamente hermosa.

El resto del camino transcurría normal, le indique mi dirección mientras escuchábamos stitches de Shawn Mendes.

El auto se detuvo, señal que llegamos a mi casa.

-¿Te puedo pedir algo?- digo algo tímida.

-Sí, claro.

-Me podrías firmar este libro.- digo mostrando Entre las sombras, ¡si! Capaz que soy la única persona que carga en su bolso un libro.- es que ya que será la última vez que te vea, quisiera tener el recuerdo que conocí a mi escritor favorito.

El solo se carcajea y lo firma.

-¿Entonces no soy tu modelo favorito?- enarca una ceja.

-Dejémoslo solo como escritor favorito.- le guiño un ojo.

-Ya lo veremos hermosa damisela.

Saco la llave de mi bolso dispuesta a abrir mi puerta cuando escucho que se carcajea de nuevo.

Estará loco.

-Y te aclaro que no será la última vez que nos veamos- sonríe y me guiña un ojo.

Joder.

Dicho eso arranca el auto dejándome con miles de dudas.

Mitades ImperfectasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora