» Capítulo VII

4.7K 974 118

Los dos permanecen sentados en la enfermería, esperando a que el termómetro avise para que puedan verificar la temperatura. La enfermera se mantiene observando a ambos, como intentando averiguar qué sucedía. De un momento a otro, el sonido del aparato da dos pitidos, haciendo que JungKook entregue el dispositivo.

    — ¡Qué! ¡38 grados! —exclama la enfermera algo alterada. Mira de inmediato a JungKook con alfo de impaciencia—. ¿Sabes el número de tus padres?

    TaeHyung se queda callado un momento mirando de reojo la calidad con la que Jeon  JungKook le brinda una sonrisa a la señora Min (demasiado amigable) antes de que suelte un suspiro.

     — Disculpe. Mi padre no está en casa, ha salido. Y sobre mi madre, bueno... Tampoco.

    El castaño pasa los ojos por el pelinegro y por la señora Min algunas veces antes de a pegar el pequeño traste donde guardaba la, aún caliente, comida que hizo para JungKook aquella mañana. Suspirando porque lo más probable era que el pelinegro se retirara y así sería imposible continuar con su plan. Básicamente, la idea de TaeHyung era pasar más tiempo con Jeon. Esto, para que el menor al menos le agarrara algo de cariño.

    Con eso se daría bien servido.

    Pero el plan aquella mañana, fracasaría por completo.

    — Bien... JungKook —menciona la castaña, anotando en la ficha el pase de salida del chico—. Como tus padres no están, tendrás que irte a casa. Debes de tomar esto, aunque te recomendaría una sopa de pollo. ¿Sabes cocinar?

    Las miradas de las dos personas de cabello castaño corren hasta Kook, quien, tomando la ficha de salida, niega lentamente.

    Alguien (o sea, Kim TaeHyung) no perdería aquella oportunidad.

    — ¡Yo sé cocinar! —la mano de TaeHyung se alza por los aires.

     — Una maravilla, que niño tan listo —dice la enfermera tomando la mejilla de TaeHyung entre sus dedos. Mira a JungKook por un momento y vuelve a ver al chico—. Cuando llegue a su casa, asegúrate de mantenerlo refrescado. Por ninguna razón vaya a tomar más de ese medicamento... Y ¡dale algo de fruta!

    Jeon JungKook estaba queriendo gritarle a la señora Min que no era necesario. Pero era imposible. La ironía de todo aquello era que el pelinegro le tenía cierto cariño a la enfermera, por un tiempo la consideró su abuela. Aunque no fueron cercanos del todo.

    Si algo odiaba el pelinegro era que lo vieran indefenso. La terrible gripa estaba consumiendo su cabeza, y su nariz se sentía asquerosamente congestionada. Sus pulmones estaban pesados y el hecho de verse en terrible situación envuelto con cierto mocoso asutadizo y exagerado solo empeoraba las cosas.

    — Sí, sí. Lo cuidaré con mucho amor, enfermera Min.

    Así pues, salieron de la oficina de enfermería, dirigiéndose específicamente a la sala de salida para que sellaran sus pases. TaeHyung lo llevaba en la mano, cargando todavía la mochila y la caja con el desayuno, pegado a JungKook casi queriendo abrazarlo. El pelinegro guardó el pase en el bolsillo de su suéter, y observando la cercanía de TaeHyung, le arrebató el pase.

    — ¡Hey! ¡Cuidado! Si a eso le pasa algo, ya no voy a poder ir contigo.

     JungKook abre en compás sus piernas para observar con más detenimiento al pequeño castaño.

    — ¿Qué te hace pensar que te dejaría entrar a mi casa? —pregunta con los ojos puestos en TaeHyung. Mantiene en alto el pase, porque no quería arriesgarse a que el otro saltara hasta tomarlo—. No quiero que vengas conmigo. Sólo voy a dormir.

Love Ends // kookv¡Lee esta historia GRATIS!