Capítulo 29

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Feliz lunes!!! Ando un poco atareada con mis exámenes, no he podido contestar por redes sociales, pero les mando un beso grande a todas, disfruten su capítulo!!

Calder sonreía junto a su esposa, seguramente no sabía lo que le esperaba al ir a un circo, no era un entretenimiento común, la popularidad del circo se debía a los fenómenos, a la gente le entretenía sobremanera ver extrañezas, burlarse de lo que no comprendían e incluso insultar y lanzar cosas contra ellos. Era por demás decir que Calder lo odiaba y estaba seguro que su esposa lo repudiaría igualmente.

Se encontraron con los Davids a las afueras, ambos sonrientes y tomados del brazo, como la pareja más feliz y normal de la tierra, los Hillenburg sabían que esa no era la realidad, pero en la sociedad todo sería apariencias, incluso ellos lo hacían.

—¡Me alegro tanto de verte Blake! —Simoneta fue corriendo a darle un fuerte abrazo, después se inclinó ante Calder con respeto.

—Señor Hillenburg, debo decir que ha sido un placer hacer negocios con usted —el señor David estrechó la mano de Calder y sonrió—, además, parece que, a partir de mi asociación con usted, todo ha ido para mejor ¿cierto querida?

Simoneta sonrió.

—Estoy en cinta también.

—¡Muchas felicidades! —Blake la abrazó.

En el interior sentía el horror. No podía dejar de pensar en el peligro que la madre y la criatura que creía en su vientre enfrentaban. Quizá el matrimonio de ella con Calder fuera una falacia, al igual que la de ellos, pero por lo menos, su marido jamás se había comportado como un cobarde.

—Es bueno oírlo —asintió Calder.

—Tu heredero le llevará solo unos meses de ventaja al mío —dijo sonriente y seguro el señor Davids.

—Quizá sea niña, señor —dijo Blake, pero al ver la faz desfigurada del hombre se corrigió en seguida—: el de nosotros.

—Sería una desgracia seguramente —suspiró el señor Davids—, seguramente que el señor Hillenburg anhela tener a su heredero en sus brazos.

—En realidad, una niña me vendría muy bien también —abrazó a Blake un poco y sonrió—, me recordaría a su madre por siempre.

—Claro, aunque si tuviera esa desdicha, una unión entre nuestros hijos sería favorable igualmente.

—Eso lo veremos, cuando nazcan —dijo Blake nerviosa— ¿Les parece caballeros?

—Por supuesto —la mirada del señor Davids relampagueó al notar que esa mujer nuevamente se volvía a meter, pero su esposo no parecía decirle nada por ello y él no se metería en asuntos de otras parejas.

Simoneta pasó el brazo por el de Blake y la incitó a entrar en la carpa donde se escondían los fenómenos de los que hablaba todo el pueblo. En cuanto entró, el semblante de la joven esposa se desfiguró y sintió una profunda opresión en el corazón por el deterioro de la humanidad. No entendía cómo era posible que la gente disfrutara de aquello, de reírse y burlarse de los que nacieron diferentes.

—Mira Blake, allá está la mujer con barba —Simoneta apuntó descaradamente—, es horrible ¿a que sí?

—Tiene un cabello precioso —le dijo Blake, mirando tristemente a la mujer que peinaba su barba frente al público.

Calder veía con un semblante sabiondo la faz de su mujer. Estaba disgustada, pero no podía hacer nada puesto que Simoneta estaba emocionada, apunando y enlistando los sobrenombres que tenían todos aquellos hombres que habían nacido con alguna extrañeza en su cuerpo.

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