JJinbwin

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Recuerdo haber ido a Seocho Gu ese día de Octubre, lo único que deseaba era escapar de todo aquello que me había hecho tanto daño, llegar a un nuevo lugar, sin importar si dominaba el idioma o no, liberarme de mi pasado era lo único que me importaba

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Recuerdo haber ido a Seocho Gu ese día de Octubre, lo único que deseaba era escapar de todo aquello que me había hecho tanto daño, llegar a un nuevo lugar, sin importar si dominaba el idioma o no, liberarme de mi pasado era lo único que me importaba.

Según lo que había leído en la guía de turistas acerca de Seocho Gu es que es un barrio de gente adinerada de Seúl, conformado por casas lujosas y edificios empresariales, y como ya me era habitual en lugares así, lo que menos esperaba era un paseo tranquilo y relajado alejado del barullo de la gente a esas horas de la mañana.

Habitualmente en esa época del año, el frío comenzaba a ser intolerable por lo que había muy poca gente transitando en las calles, así que opté por en refugiarme en algún restaurante y ordenar alguna bebida caliente para así no morir de hipotermia, o por lo menos de un resfriado.

Sin saber ni una pizca de coreano y caminar casi una hora completa sin rumbo fijo, pude ver en la esquina de la calle un negocio algo amplío, al subir la pendiente pude ver el letrero sobre la puerta de entrada, lo único entendible para mi era "Thai Restaurant Bar" y más arriba otro letrero grande "The Andaman" -por lo menos me venderán un café-, pensaba que era una buena opción por ser una bebida conocida  internacionalmente.

Sin saber ni una pizca de coreano y caminar casi una hora completa sin rumbo fijo, pude ver en la esquina de la calle un negocio algo amplío, al subir la pendiente pude ver el letrero sobre la puerta de entrada, lo único entendible para mi era "Th...

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Al entrar al lugar el ambiente era acogedor pues las instalaciones tenían muros de ladrillo, esa combinación de muebles de manera minimalistas y los grandes ventanales provocaban en mi una paz que en muy pocos lugares urbanizados lograba encontrar.

-Good evening!-
El mesero saludó ofreciéndo inmediatamente la carta -An nyeng hase yo-
Dios!, habíamos comenzado con las barreras del idioma
-would be so kind to serve me a cup of coffee?-
-kape?, ani keopi... thai cha?-

Yo no comprendía absolutamente ninguna palabra por lo que nuevamente le repetí la orden, el chico solo volvió a responder -thai cha- y se alejó de ahí llevándose consigo la carta.

De repente, desconsolada miré a mi alrededor para darme cuenta que en la mesa lateral derecha estaba sentado un chico alto, de cabello teñido, hermoso perfil, de boina y chamarra negra, ese chico solitario estaba muy atento a su celular pero se veía algo ansioso.

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