A un perro en un comedor

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Comiendo en el comedor del trabajo,

mis ojos ven a aquel perro,

negro, oscuro,

fuerte, seguro,

que está cuidando a una persona,

esa persona discapacitada,

esa persona que no saluda hasta que escucha,

esa persona le da un trozo de pan,

y el perro leal se lo come

no se queja, no gruñe,

no interrumpe.


Yo mientras sigo comiendo,

me sigo distrayendo,

con ese pescado,

que se me está haciendo pesado, 

mientras el perro atento,

que no es tonto ni lento,

me mira, 

ya lo sabe,

sabe el poema que voy a relatar.

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