Capítulo veintitrés: Simphony of death

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Quizás no queremos recordar cuando fuimos felices, y no lo hacemos por temor a que no podamos volver a serlo, sino por temor a morir ahogados en la nostalgia. Tuve a Céline llorando frente a mí, rogando porque terminara con su vida o me arrepintiera. Y en ese momento en que todo el mundo me decía que ella era Juliette, yo me negué a recordar lo que viví con ella.

Pienso que en realidad mi odio fue más grande que mi amor, porque siempre quise robarle un beso o cuando menos un suspiro. Sin embargo, no di marcha atrás.

Me debía la vida que perdí, me debía las vidas que tomé, también, yo mismo, me debía todas las vidas que se sacrificaron creyendo en mis palabras. Así que no, antes de dar marcha atrás con la destrucción de Trickstar —algo que de por sí ya era imposible de evitar—, quise llegar a un acuerdo con Céline.

Primero le aseguré que podría darle los recursos para que recuperara lo que quedó de Trickstar y cumpliera su palabra. Sin embargo, ella me rogó que no matara a Andrew, porque él era el único que sabía dónde estaban las investigaciones.

—Ambos sabemos de sobra que no puedo cumplir eso —respondí.

—Entonces... te ruego que me des más tiempo, por favor —contestó Céline. Pese a que las lágrimas habían borrado su maquillaje y sonrisa, seguía irradiando fuerza.

Quise gritarle que me estaba pidiendo el más egoísta de los caprichos, pero René intervino por ella. Era extraño que René la apoyara en cierta medida, pero no podía negarle algo a René.

Bajo ninguna circunstancia iba a permitir que el bastardo de Andrew McGonagall siguiera respirando. Y todo el equipo sabía eso, así que acordamos seguir el plan de René. Ella propuso que nos dividiéramos en dos equipos, uno se encargaría de terminar con el encargo de las bestias de Granada, y el otro buscaría sacarle la verdad a Andrew; de una maldita vez por todas sabríamos que pasó con Céline, dónde estaba mi padre y sus investigaciones.

—Sé quién puede darnos esa información —mencioné—. Elián Megalos ya debe saber algo sobre la investigación médica, de lo contrario no estaría negociando con alguien tan patético como Andrew.

—Debemos actuar lo más rápido posible —sentenció René—. Bradley, tienes que sacarle la información a Elián. Leah y Joanne podrían apoyarte.

—No, el matrimonio Crawford está interesado en Joanne. Demasiado, diría yo. Joanne es la mejor opción para ir con ellos. Leah podría engañar a los Ludvin. Debo ir solo.

René desaprobó lo que dije. Movió su cabeza, bajó su mirada y negó con la mano, pero continuó hablando con el equipo. Después de muchas discusiones, Céline también se unió al plan. Ella aseguró que podría conseguir algo si hablaba con Andrew.

—Elián fue el que me lo pidió —mencionó—. Él me dijo que sentías algo por mí, que yo debía ser la persona que se encargara de que cumplieras tu parte del trato. Podemos usar eso a nuestro favor.

—¿Y qué obtienes con eso? —pregunté.

—Mi pasado, Bradley; quiero eso, recuperar mi verdadero pasado y cumplir mi palabra. Después podrás matar a Andrew, y si no te basta, también a mí.

¿Cómo podría dudar de ella? No lo sé, solo lo hacía. Después de que Céline me dijera eso, agaché la mirada y dejé que se marchara. Sin embargo, René se acercó a mí, me tomó de la mano y murmuró en mi oído: «no olvides nunca quién soy, ni cómo llegué aquí. Y tampoco olvides que debes tener aún más cerca a tus enemigos. Siempre te apoyaré, Bradley; todos lo haremos, no nos olvides».

Salí en ese instante a mi departamento, me sentía lleno de furia y rabiaba de dolor; ¿cómo rayos podía ser Juliette? Crucé la ciudad a toda prisa, quería escapar. Sin embargo, en el cruce de la 21 con la avenida 505, un auto me interceptó. Frené de golpe y di marcha atrás, pero otro auto se colocó a mi espalda e impidió que me moviera.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!