cuatro

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Ana Karen:

Ayer a mi madre le ha salido decir que tu madre es alérgica a los perros. No sabía.

Debe saberte fatal no poder tener uno en casa, ¡pero no te preocupes! Desde que me enteré, no he dejado de darle vueltas al asunto y he pensando en algunas alternativas para ti.

Podrías adoptar un cuyo o quizás una tortuga o un pez dorado. ¡Las posibilidades son cientas!

Yo he tenido de todo, por lo que se puede decir que tengo experiencia. Soy el mejor amigo de todos los animales habidos y por haber desde los cuatros años.

Mi primer mascota fue un pez al que nombré Memo (lo sé, nada original, pero hey, en mi defensa, tenía cuatro años). Desafortunadamente él falleció al poco tiempo porque olvidé alimentarlo (en mi defensa, repito, ¡tenía cuatro años!).

De Memo siguieron Drake y Josh, que fueron dos tortugas de lo más amigables que me encontré en una tienda de mascotas. Ellas vivieron muchísimo más que Memo, pero crecieron tanto que decidimos liberarlas y llevarlas de vuelta a su hogar. El mar.

Después fue el Sr. Zanahorias (que no, extrañamente no era un conejo, sino un ratón que encontré en el cobertizo). A él lo cuidé y alimenté durante meses hasta que mamá lo encontró en mi habitación y lo echo fuera a escobazos. Recuerdo haberme pasado el resto de la semana llorando porque lo extrañaba. Era mi mejor amigo.

También estuvo Black. El fue el primer perro que tuve en mi vida. Fue una gran responsabilidad porque nunca había tenido a mi cuidado a un ser tan grande. Amaba salir a pasearlo, alimentarlo y charlar con él. Sentía que entendía cada palabra de lo que le decía así que le contaba todo. Era liberador poder llegar a casa después de un largo día de escuela y poder contarle a Black lo mal que me había ido en la exposición de historia o lo divertida que había sido la broma que me había contado mi mejor amiga en el receso. Desafortunadamente falleció hace un par de años a causa de un conductor que no pudo frenar.

Era mi ser favorito para hablar en el planeta y no recuerdo haberme sincerado tanto con alguien desde su muerte. Lo más cerca que he estado a abrirme a tal nivel es por medio de... bueno, aunque suene extraño, por medio de estas cartas.

Desde entonces ni siquiera me he planteado adoptar otra mascota porque siento que sería como remplazar a mi hermano del alma (porque sí, soy un creyente ferviente de que ellos tienen un alma).

Tal vez, simplemente no estoy listo.

De cualquier modo, ellos alegran nuestras vidas, ¿cierto? Me parece que tú lo sabes mejor que nadie.

La chica que ama a los perros más que a sí mismaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora