Capítulo veintidós: a tap dancer's dilemma

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Algunas noches he soñado el recuerdo de Juliette hasta el amanecer sin cerrar los ojos. He sentido sus labios y piel rozando mis parpados; en un frenesí onírico, la he amado todo lo que no pude amarla en vida.

A veces me perdía recordando su voz, misma que compartía un tono prácticamente gemelo con el de Céline. Imaginaba la fragancia de su cabello y la luz que se desprendía de sus ojos cuando sonreía. También recordaba el rosado de sus mejillas y el rojo carmesí de sus labios. Después, siempre al amanecer, volteaba hacia la ventana, cerraba los ojos unos minutos y recordaba que ella murió.

Sin embargo, cuando al fin tuve la oportunidad de realizar mi sueño, Céline solo discutió conmigo hasta el amanecer. Aquella noche nos dijimos cosas horrendas que nos acusaban, mutuamente, de crímenes sin nombre ni rostro. ¿Cómo podía ser Juliette?

Me reclamó que ella no podía responder por un pasado que no recordaba, pero aseguró por su propia vida que si seguía adelante con mi plan la asesinará también. Ella no quería conocer una vida en la que no pudiera cumplir su palabra.

Negó varias veces conocer a Juliette Lemoine o conocer mi antiguo nombre. Sin embargo, sí me dijo que lo único que recordaba de su vida pasada era esa pintura que nos mostró. Un cuadro destruido por el tiempo que apenas mostraba un poco de lo que fui, pero que Céline pensaba que pintó para Andrew.

—¿No crees que sea una mentira? —pregunté.

—¿Con qué objeto, Bradley? —respondió Céline—. ¿Para qué me mentirían?

—No puedo creer lo que dices de Doyle, pero ambos sabemos que el egoísmo de Andrew no conoce límites. Cuando le dispararon a Juliette, él dijo que era una lástima porque la quería. Quizás ese sea el crimen que nunca te contaron.

—Estoy harta de escuchar ese estúpido nombre, ¡no lo sé! —gritó—. No sé quién rayos sea Juliette o Emile Lemoine, y ya no me interesa saberlo, Bradley.

Suspiré un poco antes de contarle todo. René apretó mi hombro y se sentó a mi lado. Quizás esa acción fue lo que me dio fuerza para explicar lo que pasé.

Empecé contando cómo conocí a Juliette en Nueva York. Yo viví ahí con mi madre y hermana hasta los 14 años. Crecí en un barrio de clase media. Viajamos para buscar una mejor vida, mi padre nos enviaba el dinero suficiente para vivir, y yo ayudaba con algunos trabajos eventuales.

Trabajé en el mismo restaurante de comida rápida que ella. Poco después de conocernos nos volvimos buenos amigos. Juliette había sido abandonada por sus padres desde muy pequeña, creció en un orfanato. Cuando cumplió 12 años entendió que nadie la adoptaría y comenzó a trabajar para subsanar sus gastos.

Nos conocimos cuando yo tenía 13 años y ella 15. Juliette tuvo que abandonar el orfanato y se mudó al restaurante donde trabajábamos. Sin embargo, el dueño quiso abusar de ella, algo que no permití.

Cuando nos marchábamos de regreso a Francia, Juliette le rogó a mi madre para que la llevara con nosotros; ella quería buscar a sus verdaderos padres. Al principio, mi madre se negó de manera rotunda, pero después de conocer la situación de Juliette y lo que estuvo a punto de pasar accedió a llevarla.

Yo le ayudé a buscar a su familia cuando regresamos. Mi padre ni siquiera se opuso a que Juliette viviera con nosotros. Por desgracia, un año después de que regresamos a Francia, la fiebre griega infectó a mi madre y hermana.

Juliette me apoyó en todo momento. Ella y yo trabajábamos para que mi padre pudiera desarrollar la vacuna. Sin embargo, no pudimos lograrlo. Después de unos meses, la fiebre griega terminó con la vida de mi madre y hermana.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!