Capítulo veintiuno: Oda a las falsas condenas

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Llegué al club pasada la una de la mañana. En cuanto entré, Joanne me dijo todo lo que había averiguado; ella hizo una labor titánica para revelar el misterio. No pudo encontrar nada de Céline Bisset, pero de Anna Derina había muchísima información.

Anna Derina era la única hija de un matrimonio ruso. Sus padres murieron en un extraño accidente cuando ella tenía 13 años. Sin embargo, esa mujer nunca recibió un solo centavo de herencia porque sus propios padres no la reconocieron. De acuerdo a la investigación de Joanne, Anna Derina nació fuera del matrimonio, y debido a las tradiciones familiares no la registraron para no perder su fortuna.

Sin embargo, Joanne me explicó que ella era muy brillante; poco después de la muerte de sus padres, Anna Derina escapó de su país por las acusaciones de la prensa sobre la complicidad en el supuesto doble homicidio de estos. Viajó a España, donde consiguió una beca completa para estudiar medicina. A los 16 años Anna Derina se graduó con honores.

La prensa española la llamó "la Atenea de Barcelona" debido a su capacidad intelectual y belleza. De acuerdo a varios artículos que Joanne rastreó, los diarios españoles le auguraban un futuro brillante en la medicina y las artes. Sin embargo, Anna Derina volvió a escapar cuando la acusaron de prácticas que atentaban contra los derechos humanos.

—Hizo experimentos en humanos —señaló Joanne.

—¿Qué clase de desquiciada hace eso a los 16 años? —pregunté.

—Aún hay más, de acuerdo al salvador, una pequeña publicación de Barcelona, Anna Derina había desarrollado una nueva cepa del virus de la gripe, fue una variante muy parecida a la fiebre griega. Pero jamás pudieron encontrar pruebas contundentes...

—¿La habrán difamado? —interrumpí.

—De acuerdo al diario, todas las víctimas y los testigos murieron de manera misteriosa. La justicia española aún la sigue buscando. La investigación se enfrió cuando ella escapó a Alemania. Y es lo último que se sabe de ella.

—¿Hay fotos? —pregunté.

—Solo una —respondió Joanne—, pero es de cuando tenía 15 años. Será imposible formar un perfil en tan poco tiempo.

La fotografía que me mostró Joanne era de una joven de cabello negro y mirada penetrante. No tengo idea de cómo la veían las demás personas, pero sus gestos intimidaban. Era relativamente pequeña, su piel era muy pálida; en la fotografía lucía enferma, casi escuálida, y también tenía una terrible cicatriz en el cuello.

Cuando la vi no encontré ni un solo parecido con Céline. Tampoco Joanne lo encontró, ni ninguno de los otros miembros. René y los demás llegaron a las 3 de la madrugada, los pusimos al tanto de la situación y acordamos que todos trabajaríamos para escapar de una vez por todas.

Al comienzo me sentí renuente de contarles todo, pero no tuve otra opción: si ellos no sabían a lo que se enfrentaban podrían morir.

Casi pasé una hora explicándoles todo lo que había planeado. Fue difícil decirles que yo jamás pensé en cumplir el trato con D' Alban, también que ya esperaba que exoneraran a los agentes. Sin embargo, cuando les dije que mi verdadero plan era traer a todos al mismo sitio para que el peor de los criminales los matara, ellos dudaron de mí.

—Siempre fue un plan suicidad, ¿no es así, Bradley? —preguntó René.

—No había otra opción —mencioné—. Siempre nos pasa algo, tenía que acabar con todos ellos, y cuando me enteré que la Hiena existía... vi una oportunidad.

—Jugaste con nuestras vidas —sentenció Will.

—No —respondí—, por eso tenían que estar todos fuera de la isla. Joanne y los demás saldrían hoy para «interceptar» al matrimonio Huxley y terminar con el plan...

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!