CAPÍTULO 14: Cristal susurrante

23 1 0
                                    

—¿Qué estás haciendo? —pregunté con curiosidad a Morfeo

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

¿Qué estás haciendo? pregunté con curiosidad a Morfeo.

Me había traído a una cueva secreta, una de las muchas que había distribuidas en nuestra isla.

Ya verás respondió crípticamente.

¡Pero quiero saber ahora! repuse, haciendo puchero.

Y... ¡ya está!

Yo no veía nada y estaba a punto de señalarle exactamente eso, cuando movió uno de los cristales con los que estaba jugando y un arcoíris de colores salió despedido de ellos, reflejándose en las rocas de la cueva.

Observé absolutamente maravillada, alzando la mano para rozar suavemente con mis deditos las sombras de colores que danzaban en la superficie rocosa, uniéndose para crear unas formas muy curiosas.

Guau. ¿Qué son?

Son cristales susurrantes.

¿Y qué hacen? pregunté.

Cuentan historias explicó Morfeo. ¿No era eso lo que querías saber? ¿La historia de los dioscuros?

Asentí con entusiasmo una y otra vez, sentándome con las piernas cruzadas, dispuesta a oír una buena historia.

Hace miles de años atrás comenzó Morfeo los dioscuros pertenecían a un mundo llamado Olympo. Su territorio se encontraba dividido justo como aquí, los grandes reyes gobernando cada sector.

Las luces se movieron sobre la roca para mostrar un mapa con grandes océanos rosados y tierras color púrpura, árboles con estrellas como frutos y desiertos del tono del cielo de mediodía. La imagen se fue acercando cada vez más hasta toparse con un árbol gigantesco, tan alto que llegaba hasta el cielo.

Hace doce años atrás, un portal se abrió, algo así como una ventana que nos dejó cruzar a este mundo. Por supuesto que los grandes señores decidieron atravesarlo, presos de la curiosidad.

El contorno de una ventana se formó en el tronco del árbol, mostrando un hoyo por el que gran cantidad de espectros comenzaron a cruzar.

Nuestro espíritu de conquista nos llevó a adueñarnos de este mundo paralelo al nuestro, repartiéndonos los territorios entre nosotros. Claro que con ciertas reglas.

Lo interrumpí.

¿Pero si ya tenían un hogar en su mundo, para qué querían el nuestro?

Nuestro mundo estaba muriendo, por lo que necesitábamos ayuda de su mundo. Además de que tener dominio sobre más de un territorio es símbolo de poder para nosotros. No hubo grandes problemas, siendo que las especies de este mundo eran mucho más débiles que nosotros, sin duda alguna.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora