Capítulo 40: La cura

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☠ 𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪  𝓐𝓼𝓱𝓴𝓸𝓻𝓮   ☠

— Eres una desonrra, Ashkore.

Dirigí mi mirada furiosa hacia uno de los grandes dragones alzados por encima de mi cabeza, quien se había dirigido a mi.

— Una desonrra para todo nuestro pueblo.

Otro dragón rompió el silencio y se unió a recriminarme. Aún poseía trozos de cristal en mis manos, a los que por los nervios comenzaba a romper y lloviznaba el suelo de pequeños fragmentos que se colaban por las grietas.

— ¡CALLAROS! ¡CALLAROS YA! —grite a las monstruosas masas—. ¡ESTOY RECUPERANDO LO QUE ES MÍO Y VOSOTROS NO QUERÉIS DARME!

— Y nunca te daremos. —murmuraron—. Se sabio y acepta que no eres apto para conllevar el poder que tu familia dejo.

— ¡OS HE DICHO QUE OS CALLÉIS, SACOS DE MIERDA! —rugí, haciendo temblar las paredes de la sala de cristal—. ¡VOY A GOBERNAR ESTE PUTO MUNDO COMO SE ME DE LA GANA! ¡VOY A ROMPER TODO! ¡VOY A DESTRUIR TODO!

Empuñe el mango de la espada clavada en la cráneo de un cadaver que yacía a mis pies. Al sacar el arma, todo se desbordó de sangre, bañando su precioso pelo blanco de rojo y su piel morena.

— Y tú, Lance, te lo vas a perder. —susurre con una gran sonrisa.

— ¿Estas seguro? —abrió los párpados, con los ojos en blanco—. Ella si lo verá todo.

Confundido, mire detrás de mi espalda, donde se encontraba Erika presa del horror. Corrió hacia mi, y casi sin darme cuenta estaba a unos centimetros de mi rostro, pudiendo ver de cerca como su expresión se distorsionaba de dolor al haber mi arma atravesado su estómago.

— No. No.

Pronto la sangre me salpicó mi traje y el cuerpo sin vida de Erika cayó a mis pies, junto al de Lance.

— ¡NO! ¡NO!

— ¿Ashkore? —sus esmeraldas violetas se abrieron y me miro confundida, a la vez que hablaba de sus labios se escurría un hilo de sangre—. ¿Estas bien? ¿Ashkore?

Me quede sin respiración, y cada vez su voz la oía más fuerte.

— ¿Que ocurre? ¡Ashkore, despierta!

De un espasmo me vi tumbado en mi cama de nuevo, recubierto en sudor y jadeando como si hubiese corrido una maratón. Nada más abrir los ojos me encontré con Erika encima de mi, presionando mi frente que ardía y visiblemente preocupado.

— ¡Estas bien! —murmuramos ambos a la vez.

Inconscientemente, sonreí al no verla ni un rasguño. Al ver mi sonrisa, se la contagie;

— ¡Claro que estoy bien! —dijo aún agitada—. Eres tú quien no ha parado de chillar en toda la noche, llevo intentando despertarte quince minutos.

Suspire y limpie el sudor de mi frente. Rodee su cintura para traerla hacia mi pecho y recostarla allí. Eran las seis de la mañana y era hora de irse. Me quede en silencio, dejando que mi pulso se normalizase.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora