Capítulo 27

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Para mí bella: Karla Lara! Perdón hermosa! Todo se me olvida!!!

Blake estaba recostada en su alcoba. Serían las once de la noche y no tenía ni el más mínimo amago de sueño. Había escuchado a su marido llegar hacía mucho rato, pero no había ido a su habitación, no es como que compartieran cama todos los días, pero llevaban varias noches sin verse, ni siquiera para dormir.

Desde que ese hombre regresó a su vida, Blake no dormía apaciblemente, tenía insomnios y pesadillas todas las noches, a pesar de no haberlo visto ni una vez después del día en el que fue contratado. Cerró lentamente su libro y se puso en pie para ir a la habitación contigua, dándose cuenta que sería la primera vez que ella invadiera la privacidad de su esposo. Había visto su recámara solo por el hecho de que las habitaciones estaban conectadas y la puerta en ocasiones estaba abierta.

Calder estaría dormido, en esos días se le veía más ocupado que de costumbre, salía mucho y regresaba a casa usualmente hasta en la noche, solo para cenar y caer dormido sin que nadie pudiera evitarlo. Le daba la impresión que la evitaba, pero lo dudaba, quizá solo fueran las palabras de Megan recalando en su corazón. Como había imaginado, las velas estaban apagadas y el calor de la habitación solo era a causa de la chimenea que se mantenía encendida. Caminó hasta la cama y abrió las mantas para ella, recostándose junto a su marido sin pretender despertarlo, pero este lo hizo de todas formas.

—¿Qué? ¿Qué ocurre?

—Lo siento.

—¿Blake? —se sentó sobre la cama y encendió una vela— ¿Qué pasa?

—Nada —y entonces lloró.

No sabía bien por qué lo hacía, pero en cuento él mostró preocupación por ella, un cálido sentir en su corazón le hizo sacar las gotas saladas que ella almacenaba como tesoros. No le gustaba llorar, jamás lo hacía si podía evitarlo.

—¿Qué pasa? —la abrazó—, ¿El bebé...?

—Está bien —se apuró a balbucear entre el llanto descontrolado—, no sé qué me sucede.

—¿No lo sabes? ¿a pesar de saber medicina? —le tomó la barbilla—, es normal, son las hormonas.

—Pero con el primer bebé...

—Es diferente Blake —se puso más serio—, el embarazo ha progresado.

Ella asintió y lo abrazó con más fuerza.

—¿Por qué no has ido a mi habitación? —preguntó con vergüenza.

—Pensé que estarías más cómoda durmiendo sola.

—No lo estoy, últimamente tengo demasiadas pesadillas, quisiera sentir que hay alguien conmigo cuando me levanto de una.

—¿Por qué me lo dices hasta ahora?

— Te veo poco últimamente.

—Lo siento —le besó la frente—, he estado ocupado.

—¿Con qué? ¿Qué pasa?

—Nada, asuntos del trabajo —zanjó.

Pero ella volvió a llorar con más intensidad que antes.

—¿Ahora qué pasa? ¿Por qué lloras de nuevo?

—¡Me crees una idiota!

—¿Qué?

—¡Sí! —lo acusó—, nunca me cuentas de tu trabajo, jamás me haces participe de nada. Solo me dejas atrás y prefieres contarles a Megan y a Luisa. ¿Piensas que solo sirvo para cargar con tu hijo?

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!