XXII. Comienza el show

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XXII. Comienza el show

“¿Y cuál es la pena para algo así?”, pregunta Orion, el gato bibliotecario que además es miembro del Consejo.  Su pregunta es sincera.  Realmente parece que no sabe cuál es la pena y quiere saberlo.  No ha acabado de hacer su pregunta y la multitud comienza a murmurar.  Parece que nadie tiene la respuesta.  Nadie excepto el más sabio de los miembros del Consejo.

“La pena es la muerte”, responde Jaque.  Cuando el anciano habla, todos callan.  No necesariamente lo miran, pero sí lo escuchan.  Cliste aprovecha esta oportunidad para retomar la atención de los que están ahí.  La interrupción no lo molesta.  De hecho, la aprovecha para darle más drama a la situación.  Si bien Cliste es un excelente detective, hay que aceptar que además es un excelente maestro de ceremonias.

“Quiero insistir en esto antes de avanzar, porque deben considerar que cuando les explique cómo llegué a descubrir al culpable y les diga quién es y les exponga las pruebas, van a tener que ser consistentes con esto.  Van a tener que mandar a morir a uno de ustedes. ¿Están preparados para eso?”

“Oh, Cliste”, le insiste Jaque. “Por supuesto que lo estamos. ¿Cuál es la alternativa? ¿Dejar este abominable crimen impune? Tenemos a un asesino entre nosotros.  Pero no solo eso, sino a un asesino masivo”

“Viejo amigo, la pregunta no te la estaba haciendo a ti”, Cliste sonríe y se voltea hacia la multitud. “Se la estaba haciendo a ellos.  Ustedes son los que van a tener que apoyar esta decisión y quizás hasta implementarla”

Hay un breve silencio.  Nadie dice nada.  A la gente no le queda claro qué es lo que está queriendo decir. 

Yo, en cambio, lo entiendo de inmediato.  Se refiere a que el culpable es una autoridad.  Es miembro del Consejo.  O alguien a quien el Consejo le ha otorgado confianza.  

La ejecución de la pena no dependerá del Consejo porque afecta al Consejo en cierta forma.  Esto se va a poner muy tenso.

“Entonces, mi querido amigo, va a ser buena idea que llamen más agentes de seguridad.  Porque los van a necesitar”, comenta Cliste y luego espera pacientemente a que Kenzo haga el pedido. “Quizás para controlar al asesino o quizás para mantener el orden con esta multitud aquí presente”

“¡Esta multitud está aquí porque tú la has convocado!”, grita Ibis molesta.

“Calma, por favor”, Jaque dice e Ibis se tranquiliza.  Aun así la situación es bastante complicada.

Después de unos segundos aparecen en el techo unos cinco gatos, uno de los cuales era Noa.  Lo reconozco de inmediato.  Él nos saluda con un movimiento de cabeza.  Lo que es los demás miembros del Consejo, el suspenso los está comenzando a alterar.  Varios están nerviosos y mirándose entre ellos.  Entre sus filas hay un asesino y pronto será descubierto. ¿De quién se tratará?

Lo que es yo, me preocupa que cinco gatos no puedan controlar a la multitud que ahí se ha reunido.  Esto podría acabar muy mal.

“Oh, yo sé lo que están pensando”, dice de pronto Cliste comenzando a caminar dentro del círculo de gatos. “Están pensando que no tiene sentido que el asesino esté aún en su lugar.  Que siga ahí en dónde está y que no intente huir. ¿Por qué seguir aquí si yo ya anuncié que sé quién es? Oh, verán, ésa es la mejor parte.  El asesino cree que estoy fanfarroneando.  Que no lo he descubierto y que los he convocado para ponerlo nervioso y que se revele.  Está siendo fuerte y se mantiene porque cree que está seguro.  Que cubrió todas sus huellas.  Pero como veremos en un instante, no fue lo suficientemente atento.  Se le escaparon algunos detalles”

“Querido Cliste. ¿Por qué no comienzas desde el principio? Cuéntanos qué es lo que has encontrado”, intervino nuevamente Jaque.

“Está bien”, el detective se detuvo en donde estaba y se volteó hacia los demás. “Como podrá constatar Febo, el envenenamiento se llevó a cabo con una medicina bastante común entre los humanos, pero mortal para los gatos.  El asesino consiguió mucha de esa medicina, pero tenía un problema.  Es sólida y para que familias de gatos la consuman la tuvo que transformar a su forma líquida.  Febo luego les puede explicar cómo es que se hace eso, no es nada complicado, pero se tiene que hacer con precisión”

Todos miran brevemente a Febo, quien asiente con la cabeza.

“Cliste me trajo un pedazo cristalizado del veneno.  Lo analizamos y...”, comienza a explicar Febo con su pausado ritmo.

“¿De dónde sacaron un pedazo del veneno?”, la interrumpe Ibis. “Yo estuve buscando en todos lados y no encontré nada”

“¿Y a qué se debe eso, consejera Ibis?”, interviene Jaque.  De pronto hay un nuevo nivel de tensión en el aire.

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