Capítulo diecinueve: Sunshine Jazz

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Dormí poco más de 4 horas. Me desperté muy temprano al otro día. Una de las desventajas de sentirse muerto por dentro es el insomnio. Sin embargo, era algo que me sentaba bien.

Por desgracia, al despertarme me percaté de que Céline había dormido en la sala que estaba fuera de mi cuarto. Ella usó su abrigo para cobijarse y dormir en la peor posición posible. No mentiré, me alarmé demasiado cuando la vi. Corrí a ella y le pregunté qué rayos hacía ahí, pero ella —con una angelical sonrisa— contestó que había perdido su llave y no quiso molestarme.

—Debiste despertarme —aseguré.

—No pasa nada, Bradley, solo tengo un pequeño dolor en el cuello. Nada que no arregle con un café. —Céline me extendió su mano y estaba helada. Por las noches, Granada se convierte en un gélido páramo imposible de soportar sin calefacción.

Después de insistirle en diversas ocasiones, aceptó tomarse una ducha tibia para no contraer alguna enfermedad. Sin embargo, no pude encontrar la llave de alguno de los cuartos, y la mayoría del personal había salido. Así que tuve que ofrecerle la ducha de mi habitación.

Bajé por las escaleras y busqué algo de comida para que desayunara. Yo preferí un whisky y un cigarrillo. Estuve en la cocina por cerca de 40 minutos para que ella terminara. Mientras esperaba, pensé en el caudal de emociones contradictorias que sentía. Por un lado, estaba harto de todo, quería cumplir mi venganza como fuera. Por otro lado, no podía con el recuerdo de Juliette. No importaba cuánto quisiera olvidarla.

Pedí que le llevaran ropa y comida, después subí yo. Sabía que la enfrentaría, que no tenía otra opción, pero no quería hacerlo. Cuando puse un pie en mi departamento, noté el vapor que escapó de la ducha. Busqué a Céline en la sala, pero me alarmé cuando la encontré en mi cuarto.

—Esta es mi habitación —mencioné sin que notara mi presencia.

—Lo siento —respondió, se alarmó un poco, pero guardó la calma—. Tu departamento es muy grande. Me confundí de habitación.

—Pedí que te subieran comida, ¿quieres desayunar? —insistí para que saliera de mi habitación, pero ella me ignoró por completo.

—Aún no tengo hambre... pero ¿tú pintaste esto?

—No, te dije que no tengo ninguna clase de talento. Es un vejestorio que le compré a una amiga hace muchos años.

—Es una pintura excelente. Lástima que esté tan destruida.

—Lo sé, ¿en serio no quieres desayunar? Podría acompañarte.

—No, adelante. Quisiera ver más esta pintura, me gusta mucho. ¿Quiénes son?

—No tengo idea —respondí. Por dentro me rabiaba en dolor, quería pedirle que saliera de ahí.

—Es una lástima que esté tan destruida, apenas se puede observar la silueta de la mujer. Debió ser alguien muy importante para el pintor. ¿Sabes quién lo hizo?

—No, como te dije, una amiga me lo vendió hace muchos años. La encontró en un basurero.

—Qué pena... en verdad se nota el amor con el que hicieron esta pintura. —Céline se acercó al cuadro, pasó sus manos por el lienzo y dejó que su tacto se cautivara con los trazos—. Es bellísima... tiene tanto esmero que me dan ganas de llorar.

—Es solo una pintura, Céline. Salgamos, ya es tarde y no quisiera que te enfermeras.

—No lo es, Andrew... perdón, Bradley. No es solo una pintura, es algo tan personal que no puedo describirlo. Parecen una pareja, ¿no?

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!