CAPÍTULO 11: Bella Durmiente

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La familia de Psique era una de las más poderosas de Lemnos

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La familia de Psique era una de las más poderosas de Lemnos. Su padre era el dueño de una empresa constructora encargada de las más complejas e intrincadas edificaciones de la ciudad; mientras que su madre era la arquitecta principal, sus diseños maravillando a los habitantes de la isla. La torre giratoria era uno de sus más famosos inventos, una sucesión de bandas metálicas enroscadas alrededor de un mecanismo que las había girar, y con ellas, brazos dorados con cientos de luces que acababan en grandes copones para llevar personas o grandes cargas. Era realmente hipnótico. También había bocetado los grandes túneles transportadores, toboganes metálicos que se enredaban alrededor de la ciudad como un hilo interminable.

Construcciones Anatolia era el sitio que había reunido a la feliz y tan pragmática pareja, quienes habían traído al mundo a tres bellas jovencitas. Y por supuesto que se esperaba que sus hijas continuaran con el legado familiar.

Cordelia, la hermana mayor, había pasado años estudiando cómo administrar la empresa y se había convertido en la mano derecha de su padre, mientras que Anya seguía los pasos de su madre diseñando todo tipo de edificaciones. Llevaba con ella todo el tiempo una libreta en donde podía dibujar lo que venía a su mente, sin importar la hora o el sitio en donde se encontrara.

Pero Psique, la hermana menor, era muy diferente a ellas. Siempre se había sentido como una extraña en su propia familia, y sus hermanas solían molestarla por eso. Sus padres no paraban de decirle que estaban inmensamente decepcionados de ella, sin importar lo que hiciera.

Ella realmente lo intentó durante un tiempo. Asistió a reuniones de trabajo y sacudió manos con importantes empresarios. Pero llegó a aburrirse tanto que perdió cualquier interés que podría tener en el negocio familiar. Luego trató de diseñar edificios, pero ese trabajo era demasiado estructurado para ella. Psique prefería dibujar más libremente, seguir su instinto y su inspiración en pinceladas sueltas llenas de color que reflejaran imágenes irreales y surrealistas. En particular, amaba plasmar los paisajes oníricos que veía en sus sueños. Tenía alma de artista y sus padres lo desaprobaban.

Llegado cierto punto, tan sólo dejó de importarle. Y es que forzar un trabajo en ella se sentía como fingir ser alguien que no era, así que eligió seguir su propio camino y así lograr ser fiel a su espíritu libre. Desde entonces, trabajaba en una sección mucho menos ostentosa de la isla, vendiendo su arte y realizando los pedidos de sus clientes. Su tienda era todo un éxito, podías ver durante todo el día decenas de personas entrando y saliendo de su negocio. Claro que el trabajo de artista no pagaba tan bien como el de arquitecto y mucho menos de constructor, pero ella estaba orgullosa de sus ahorros.

A pesar de que su tienda era muy popular, sus padres jamás lo reconocerían ni le dirían que estaban orgullosos de ella. Es por eso que no debería haberme sorprendido ante la corta visita de sus padres en la sala médica.

Habían llegado en medio de la noche, cuando finalmente acabaron con sus ocupaciones. Preguntaron a la secretaria cómo se encontraba, y al enterarse que estaba viva y que se iba a recuperar, se fueron sin una mirada atrás, como si no fuese su propia hija quien yacía en una cama inconsciente al borde de la muerte. Ni siquiera habían pasado a verla.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora