CAPÍTULO 11: COLOMBIA

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—Es la hora—dijo Trinity—y nada que sabemos exactamente quién es y de dónde vino Rasec.

—Solo han pasado doce días desde que llegó—le respondió Troy—. Nos ha pedido que le tengamos paciencia.

—¿Quizá sea un robot enviado desde el futuro, no? Como en las películas de The Terminator.

—No lo creo—respondió Troy con igual humor—. Es evidente que es un hombre de carne y hueso.

—Sí, que tonta soy. Lo decía en broma.

—Lo sé.

Ambos estaban en lo alto del edificio bancario. Sobre la ciudad de Medellín, en Colombia, brillaba el mapa de un billón de estrellas, al igual que la hermosa nube gris de La Vía Láctea. Los dos estudiaban el cielo, no solo para sentir la deliciosa serenidad que emitía la galaxia, sino también para divertirse viendo cómo se raspaban las estrellas fugaces sobre el firmamento.

Era una noche fría, en medio de una ciudad que permanecía en total oscuridad. Los edificios que rodeaba a aquella entidad bancaria ofrecían un silencio extraño, como si fuesen gigantes convertidos en piedra. Los tiempos de gloría de aquella ciudad habían llegado a su fin.

Hacía unos diez minutos, desde la altura de aquel edificio bancario, Troy y Trinity estuvieron contemplando como Monique, Sofía y Luna se perdían a través de la oscuridad que era iluminada levemente con sus linternas de mano. Las tres se dirigían al supermercado más cercano, en busca de alimentos.

Trinity y Troy habían decidido subir para tener una idea más exacta de la ciudad que se encontraba rodeada por montañas. Al cabo de un rato, cuando la soledad del lugar los espantó, ambos se sonrieron, se acercaron y, tras tomarse de las manos, se fundieron en un mismo abrazo. Un abrazo tierno entre amigos.

—Ahora que lo pienso...—dijo Troy—, tengo la sensación de que Rasec cuenta con el don de no dormir.

—¿Por qué lo dices?

—¿Recuerdas que la primera noche en Egipto yo dormí en la misma habitación con él?

—Sí, a mí me correspondió dormir con Monique, justo en la habitación de al frente.

—Pues bien, como a eso de la una de la mañana algo me despertó. Me quede unos minutos observando cómo la cortina ondeaba por el viento que se filtraba por la ventana abierta. Luego, cuando me volteé hacia el otro lado de la cama descubrí que Rasec estaba sentado en su cama, en frente mío.

"Sus ojos miraban hacia lo profundo, como si estuviera observando los edificios de la ciudad a través de la ventana. Su mano derecha, que parecía estar empuñando el dije de su cadena plateada, la ubicada sobre sus labios. Unos segundos después, como si despertará de su contemplación silenciosa, me sonrió al darse cuenta que llevaba segundos observándolo.

"Luego guardó bajo su camiseta la cadena plateada y se recostó en la cama, dándome la espalda. Me quedé despierto como una hora más. Durante todo ese tiempo tuve la sensación de que él continuaba sin dormir, simulando que descansaba. Además, por la expresión de su rostro que acababa de ver antes, tuve la sensación de que estaba tan fresco como una lechuga.

—Quizá sufra de insomnio—dijo Trinity.

—No lo creo. El otro día que hablé con Luna, me contó que la noche que dormimos en el bosque ella se despertó en la madrugada y también lo descubrió despierto. Me dijo que su rostro se veía muy relajado, descansado y sereno; parecía disfrutar de la noche y sus estrellas.

—Pues a lo mejor es cierta la impresión de ambos. ¿Qué más puede esperarse de un hombre con semejantes superpoderes? ¿Qué otra carta tendrá oculta bajo sus mangas?

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