Capítulo diecisiete: Overture

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—¿Este es un mal momento? —pregunté—. Podría devolverte la llamada en un par de horas, después de que deje de perseguirte el tío Sam.

—Eres un maldito infeliz... Iré por ti, imbécil. Te seguiré hasta el maldito inferno para matarte.

—Lo dudo —contesté—. Dudo que puedas cumplir tus palabras. Pero, agente K, podemos llegar a un arreglo. Trabaja para mí y quizás pueda exonerarte de todo lo que te acusan.

Antes de colgar, el agente gritó un par de maldiciones.

Todo el equipo me miró con incredulidad y miedo. Leah, René y Will dibujaron un gesto de terrible de molestia. Sin embargo, nadie se atrevió a decir nada.

—¿Qué rayos sucede? —pregunté—. El plan sigue su marcha, ¿cuál es la emergencia?

—¿Cuál? —Will se puso un poco violento—. Los agentes podrían quedar libres, si no atrapan a K...

—Su nombre es Ian S. Kersey —interrumpí.

—Ese bastardo —contestó Will—... ese jodido infeliz psicópata está libre, si no lo atrapan a tiempo podría destruir nuestro plan.

—¿Cómo? —pregunté.

—Bradley —Leah se levantó de su asiento y me pidió un cigarro—, este plan es muy peligroso. ¿Qué haremos si vienen aquí? No tenemos suficientes hombres para pelear contra ellos.

—Nosotros no —respondí—, pero D' Alban... él es otra situación.

—Bradley —René me miró con tristeza—, te agradezco mucho lo que has hecho por nosotros... de verdad. Todos te lo agradecemos, pero esto es un suicidio.

—Por supuesto —interrumpí—, es el de ellos.

Una parte del equipo carcajeó de nerviosismo. Entendía bien el porqué se sentían tan inseguros, pero todo iba de acuerdo al plan.

Michael me reclamó que estaba tomando las cosas muy a la ligera. Después Joanne y Sofía dijeron lo mismo, pero en realidad había planeado todo de forma meticulosa. Sin embargo, ellos habían olvidado que mi plan era arrastrar a esos dos imbéciles al infierno.

—Estamos bien —continué—. Nuestro plan sigue en marcha.

—Algún político podría respaldarlos —mencionó Joanne—. ¿Pensaste en eso?

—Por supuesto.

—Bradley —René comenzaba a caer en la desesperación—, tienes que decirnos lo que estás planeando. No puedes dejarnos así.

—Pero yo se los dije —aseguré—. ¿Recuerdan a D' Alban? Creí que todos sabíamos que no podríamos salir de esta isla por nuestra propia mano. Necesitábamos la ayuda de uno de esos locos. Ya la tenemos.

—Pero Bradley... —Leah no lograba calmarse.

—No hay ningún «pero», Leah. Todo está bajo control.

Todos reclamaron que las cosas podrían ir muy mal. Hubo momentos en los que sentí que el equipo se partía. Sin embargo, pidieron que les informara del trabajo con D' Alban, algo que bajo ninguna circunstancia podría hacer.

Para evitar que el equipo se destruyera les propuse reforzar la seguridad.

—Nos dividiremos en tres equipos —sentencié—. Joanne, tendrás que formar parte de los tres equipos.

—¿Qué haremos, Bradley? —Will estaba molesto, la opción que les ofrecí no lo convencía, pero no quería dudar.

—Nos protegeremos. Necesito que un equipo vaya con el hijo de René; Joanne, Will y Sofía serán los encargados, después los alcanzará René. Otro equipo deberá cuidar el club; Michael, Leah y René lo harán al comienzo, cuando Joanne vuelva tomará su lugar en el club. Y yo me encargaré de D' Alban.

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