2. Día libre

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Es domingo por la mañana y es mi día de descanso, aun así, el hecho de ir a "Antiguas delicias" a captar unos minutos del muchacho que me gusta es la razón suficiente para levantarme y acudir al sitio. Llevo unos pantalones desgastados de mezclilla y una camiseta ajustada, algo que me hace lucir mucho más joven a comparación de esos trajes lujosos para el trabajo.

Me dirijo hacia la cafetería y al entrar siento la calidez del lugar, el intenso aroma del café y la comodidad que hace de este, mi lugar favorito para pasar el tiempo. Veo a la chica de siempre sonriendo con amabilidad y siento su mirada seguirme hasta tomar asiento al lado de la ventana de todos los días.

Al principio pensaba que resultaba atractivo para la dependienta, pero después me di cuenta del gran interés reflejado en su mirada hacia al muchacho que me gusta. Eso, sumado a sus indirectas, es fácil llegar a la siguiente conclusión: está esperando a que me acerque a hablarle.

—Bueno días —saluda la animada camarera dejando frente a mí la bebida de siempre. Ya ni siquiera hace falta tomar mi orden después de casi medio año pidiendo lo mismo—, ¿gusta ordenar algo más?

—Un bagel de nuez, por favor —pido sonriente y ella se va casi dando brinquitos de felicidad.

Me acomodo en mi asiento esperando la llegada de ese hombre tan atractivo para poder apreciar su presencia por unos minutos. Tal vez hoy me tome un poco más de tiempo, finalmente no tengo prisa por ir a ningún lado.

«¿Cuándo te vas a atrever a hablarle?» Una vocecilla insoportable me pregunta cada mañana.

«Cuando él note mi presencia», siempre me justifico porque nunca he notado ni un gramo de interés por parte de ese muchacho, siempre está tan entretenido con su celular que parecer ignorar el mundo a su alrededor.

Siempre me hago muchas preguntas mientras lo observo, ¿a qué se dedicará? ¿Cuántos años tendrá? ¿Le gustarán los chicos? ¿Tendrá pareja?

Mis pensamientos se dispersan cuando la campanilla de la entrada suena y por fin lo veo entrar. Se dirige agitado al mostrador sin mirar nada más como todos los días. Observo su esculpida espalda y deslizo mi mirada hasta las bien formadas piernas. Su cuerpo está muy bien cuidado y solo puedo suspirar internamente al imaginarlo desnudo tomando una ducha después de sus rutinas de ejercicio.

Sonrío cuando lo veo cambiar su peso de un pie al otro, es un signo de su indecisión al elegir una bebida. El menú de la cafetería es tan amplio que siempre tarda unos minutos en hacer su pedido, tiempo muy bien aprovechado para observarlo con mayor cuidado.

Cuando la orden está hecha, el muchacho se gira para mirar el entorno. Es la primera vez que lo hace, sin embargo, sigue sin notar mi presencia al dirigirse a otra mesa y clavar la mirada en su dispositivo móvil. Al menos en esta ocasión queda un poco más cerca de mí.

Un poco después, la camarera lleva una bebida azul a la mesa de mi chico deportista quien despega la vista de su celular por un momento para agradecer el servicio.

— ¿Gusta pedir algo más? —Pregunta ella con euforia contenida y sin esperar una respuesta sigue hablando— Le puedo sugerir los bagels de nuez, como el que tiene aquel joven —señala hacia mi mesa extendiendo la mano.

No puedo evitar sonreír, cada vez me queda más claro que ella conspira a nuestro favor, un cupido muy apropiado para estas fechas. El chico deportista mira en mi dirección y no se me ocurre otra cosa más que levantar mi panecillo. Él evita mi mirada y sonríe con un poco de incomodidad a la chica.

—Gracias, pero no puedo consumir masas por mi dieta.

Ella lo mira de forma intensa y él solo frunce el ceño. La dependienta asiente con seriedad y se retira, casi puedo ver la frustración en su andar.

Vuelvo a mirar al chico quien me estaba viendo de vuelta y de inmediato agacha la mirada hacia su celular. Tal vez, no esté interesado en mí, quizá ni siquiera le gusten los chicos y me siento estúpido porque esas dudas las podría disipar si tan solo me acercara a hablar con él. Para mi sorpresa el muchacho levanta la mirada de nuevo hacia mí, da un trago largo a su bebida y regresa su total atención a su dispositivo. No puedo distinguir qué le causa verme; no hay disgusto ni apreciación, a lo mucho algo de curiosidad, pero no la suficiente como para que vuelva a mirarme.

—Demonios... —farfulla dando otro trago largo hasta casi acabar su bebida y después darle un ataque de tos.

Es la primera vez que lo veo nervioso y me parece más atractivo, es todo un misterio. Se levanta con brusquedad y algo de torpeza nada propia para un deportista, paga su bebida y parte de forma tan rápida como llegó.

Exhalo decepcionado, en esta ocasión no me dejó disfrutar el tiempo suficiente para apreciarlo, ahora que sí tenía tiempo para hacerlo. Un sentimiento extraño me hace voltear hacia la chica quien está apoyada en el mostrador mirándome con tristeza para después voltear hacia la salida con un ruidoso suspiro de frustración.

Termino mi café con prisa, pues no tengo ningún motivo para quedarme allí. Me acerco a la barra para pagar mi pequeño desayuno y la chica me cobra con un semblante deprimido, se ve automáticamente decepcionada, casi tanto como yo me siento.

—Agradezco tu intención —menciono para darle ánimos—, fue un detalle bonito de tu parte.

—Pero no funcionó —reclama ella cruzándose de brazos después de darme mi cambio.

—Lo hizo —contradije con una gran sonrisa guardando mis monedas—, al menos esta ocasión notó mi presencia.

Ella hace un mohín gracioso luciendo en desacuerdo.

— ¿Cómo te diste cuenta? —Pregunto con curiosidad logrando que la camarera mordiera su labio con culpabilidad— ¿Cómo supiste que él me gusta?

Ella se encoge de hombros.

—Siempre te ves muy interesado en él —responde con un brillo inusual en la mirada— y bueno... yo de cierta forma lo conozco.

— ¿De verdad? —Pregunto con genuino interés apoyándome en la barra— ¿Cómo se llama?

—Will —responde ella sacando una franela y limpiando distraídamente su lado de la barra—, él vive en el mismo edificio que yo. Suelo encontrarlo recogiendo su correspondencia, aunque siempre está distraído con su celular, es todo un enigma.

—Parece joven —comento intentando obtener un poco de información extra.

—No lo sé —dice ella torciendo la boca como si evitara sonreír. Me da la apariencia de que de alguna manera me está mintiendo—, he intentado establecer algún tipo de conversación con él, pero no parece interesarse en las chicas.

—Vaya —respondo rascando mi barbilla con interés.

—Tal vez si tú te acercaras, ya sabes, un simple saludo —sugiere ella sonriendo a la vez que levanta la mirada hacia mí—. Tal vez lograrías despegarlo un poco de su celular y averiguar por ti mismo un poco más de él.

—Podría intentarlo —asiento de manera pensativa.

—Él a veces pide un brownie con una bola de helado de vainilla —insinúa con una gran sonrisa.

Esta chica parece tener un plan trazado para mí y siento que me está empujando para llegar a la misma conclusión, por lo cual, me adelanto y saco de nuevo mi cartera.

—Entonces, haré un pedido especial.

Café expreso y té heladoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora