Parte XXXIII

661 47 18

Conociendo a David

*** 5.30 am, aún no aclara por completo, sin embargo una tenue línea de luz se cuela por la cortina de mi habitación. Me quedo boca arriba, mirando la pintura blanca que cubre el cielo raso… La alarma sigue sonando… No me molesto en apagarla…

Suspiro y me levanto de un salto. Le pongo fin al sonido insistente que me ha despertado y me arreglo…

Ropa deportiva, mi Ipod, cardiofrecuencímetro y salgo rumbo al parque…

Me gusta trotar, lo hago a diario, unos cuantos kilómetros con música, luego paso a desayunar a Lottie’s, mi café favorito, y vuelvo a mi departamento para una ducha antes de ir al trabajo. ***

Bueno... esa sería mi rutina cuando estoy en casa, en Londres. La mayor parte del tiempo viejo, soy modelo, imagen y embajador de unas cuantas marcas muy reconocidas, también tengo una columna en una revista, y hace un tiempo lancé mi primera línea de zapatos para hombres, muy a mi estilo… elegante y varonil.

Siempre he sido así, un caballero, y me gusta vestir bien, ir a lugares elegantes y manejar coches caros… Pero nadie puede decir que soy un niño mimado, todo lo que tengo lo he ganado por mi esfuerzo, y mi estilo de vida (envidiado por muchos) lo costeo con mi trabajo arduo e incesante.

Te preguntaras si estoy soltero o no, pues… estuve locamente enamorado una vez. Solo una. Ella fue todo para mí. Una mujer, atenta, cariñosa y muy, muy guapa. Rasgos finos, cabello rubio muy claro, ojos verdes… una belleza sin igual. Su nombre, Ninel Medvedeva. La conocí en Moscú, mientras grababa un comercial para una de las marcas con las que trabajaba en ese entonces. Ella era joven, y trabajaba de asistente de uno de los camarógrafos.

Llámalo amor a primera vista, o estupidez, es tú decisión. Pero ella me volvió loco no solo por lo hermosa que era, sino también su personalidad.

Estuvimos juntos por más de un año, y le propuse que nos casáramos. Ella no lo dudo. Comenzamos los preparativos mientras ella me acompañaba recorriendo el mundo a causa de mi trabajo.

Mi error.

O quizás no.

Su belleza era obvia, y las ofertas para ingresar al mundo del  modelaje no tardaron… sin duda la apoyé.

Pero ella no volvió a ser la misma.

Ni siquiera cuando se lo rogué.

Ni siquiera después de nuestro matrimonio.

Ni siquiera después de que perdiéramos a nuestro hijo.

Ni siquiera cuando le dije que todo estaba perdido.

Han pasado muchas cosas, y mucho tiempo… Mi corazón ha sanado, pero no del todo.

La marca que Ninel dejó en mí no ha desaparecido, y temo que no lo hará… aun así, jamás me dejé estar, seguí con mi trabajo y con mi vida. Y mis ganas de hacer cosas nuevas son las que me trajeron a Los Ángeles.

Stefanno Di Berardi, diseñador, ha sido mi amigo desde hace años. Mis primeros pasos en el modelaje los di promoviendo su trabajo. Su popularidad subió como la espuma, y también la mía.  Hace bastante que no trabajábamos juntos en algún proyecto, así que cuando confirme que quería trabajar en una línea de ropa, no dude en llamar…

Mi sorpresa fue que rechazara mu propuesta, alegando un “episodio de falta de inspiración” (yo diría más bien “algún noviecillo que le rompió el corazón”), de todos modos me habló de la señorita Lucianna Marelli, una descendiente italiana que al parecer tiene más talento que todo el personal de diseño que Stefanno tiene contratado.

Ok, ok, Stefanno no solo me habló de su talento… no perdió tiempo en mencionar lo hermosa y atractiva que era, “una mujer fuerte, con carácter”, señaló… “pero tiene una hija” añadió de inmediato. En ese momento supe a donde iba con todo el teatrito. No era falta de inspiración ni mucho menos un drama de pantalones (con Stefanno no podría jamás decir ‘faldas’), Stefanno quería hacer de Cupido…

Nop. No necesito eso.

O eso pensaba.

Lucianna resultó ser mucho más de lo que pude haber imaginado.

Estoy jodido.

A little piece of heaven, a little piece of you¡Lee esta historia GRATIS!