Capítulo 39: Cúrame

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𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪   𝓔𝓻𝓲𝓴𝓪 

Emití un pequeño sonido de despertar y estiré mis brazos. Hacia mucho tiempo que no había dormido en paz. Abrí los ojos y me incorporé de un golpe, confusa. Me costo asimilar que ya no me encontraba en ese cuarto encerrada... sino que era libre.

Mientras observaba la habitación con determinación, una voz me chispeó el oído;

— ¿Dormiste bien?

Di otro brinco y con torpeza agarre la sábana para cubrir mi cuerpo desnudo.

— Leiftan.

Apoyado en la cómoda no muy lejos de mi, me observaba con una sonrisa inexpresiva.

— ¿Qué tal dormiste ayer? —repitió.

Trague saliva con dificultad sin poder apartar la mirada de sus ojos tóxicos.

— B-bien.

Tartamudee. La despreocupada conversación me estaba poniendo en alerta. El rubio me había pillado in fraganti en la cama de Valkyon.

Sonrió de nuevo ante mi respuesta.

— Me alegro mucho.

Dio un par de pasos y se sentó en el borde del colchón. Observó determinadamente el suelo mientras que jugaba con una de las bolitas de su pantalón en completo silencio y me vi forzada a hablar:

— ¿C-como está Ashkore?

Cesó el movimiento circular de sus dedos y levantó la vista.

— Bien. Pude salvarlo antes de que se desangrase.

Mordí mi labio con nerviosismo. Me sentía culpable al haber olvidado la imagen que tanto me había perseguido, la de Ashkore siendo disparado por esos infelices.

— Bueno, ¿y que piensas hacer? —recuperó el hilo de la conversación—. ¿Lo has pensado?

— No se dé que me estás hablando.

— Lo sabes perfectamente.

Parecía haber perdido la paciencia.
Me arrebató la sabana y la lanzó al suelo. Cogió con su mano ambas de mis muñecas y me inmovilizó posándolas en mi espalda.

— Leiftan, escúchame. —supliqué entre quejidos—. Por favor no le digas nada a Ashkore, ayer no pude controlarme... me va a matar.

— ¿Contárselo? —bufó—. Sigues sin comprenderlo. Desde el momento que ese imbecil te toco quebraste el pacto. Será mejor que te prepares, Ash esta de todo menos contento.

— Leiftan...

Oí el cierre de su pantalón.

— Estas sucia y yo te limpiaré las marcas de ese baboso.

— ¡No, Leif! —me agité intentando liberarme, aún sin dejar de suplicar en vano—. ¡Haré lo que te dé la gana! ¡No me hagas esto!

— Bla, bla, bla...

Se burló de mí con expresión vacía mientras sacaba su pene erecto con una gota de pre-semen en la punta. Apreté los dientes y me giré para verle la cara;

— Algún día... te voy a devolver todo lo que has hecho.

— No lo dudo...

Se introdujo con brusquedad y sentí que mi cuerpo se quebraba en dos. Mordí el almohadón aguantando el dolor y clavé las uñas en el colchón.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora