Capítulo 1. Te fuiste.

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Te habías ido. Eso era lo único que mi corazón procesaba. Te fuiste sin decir adiós, sin una mirada desde la lejanía.

Vi tu silueta y tu andar pausado perderse esa noche entre las sombras. Sabía que te irías y esperaba que me dieras una respuesta, pero tú preferiste simular que tu plan había funcionado, que tu mensaje jamás había llegado a mi teléfono porque no te reclamé apenas llegaste.

Esperaste la tormenta por algunos minutos. Al ver que yo callaba, ahogada en mi dolor, tomaste tus cosas con disimulo y te marchaste en silencio, como un ladrón que luego de haber hurtado lo que anhelaba se iba dejando un enorme vacío.

Lloré. ¿Por qué negarlo? Lo hice sola, escondida entre mis sábanas. Nadie estuvo conmigo, pero todos se enteraron. Mi rostro reflejaba mis miedos y mis angustias, esas que nunca te importaron. Porque estabas en "otra onda", preocupado por lo que había tras la puerta que debías cruzar. No tenías otras opciones, pero te aterraba lo que había al otro lado, tanto como a mí me aterraba lo que quedaría aquí luego de tu partida.

Hoy, el sonido del teléfono me aturde. Es el mismo. No tuve valor para deshacerme de él. Allí vi tus mentiras, tu engaño, pero es el único canal que me sigue atando a ti.

¿Te dejo ir? ¿Te desprendo de mi piel? Es muy doloroso y ya resulta insoportable. El timbre suena y suena, volviéndose un eco de cadenas dentro de mis oídos. Tengo que liberarme, debería hacerlo, pero no encuentro el valor. Quiero ver como ruge dentro de mi alma ese león hambriento y maltratado, ese que un día hechizaste con tu sonrisa y con esas caricias dulces en las zonas más sensibles de mi cuerpo hasta hacerme estremecer.

Vibré por ti. Suspiré por ti. Lloré por ti. Pero no puedo olvidarte.

Si alguna vez escuchaste mis ruegos, te lo pido: deja de llamarme.

No me falles, otra vez...Where stories live. Discover now