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20/04/1998. [1/2]




Pasaron tres días hasta que Steve decidió volver a la cafetería. ¿Estaría haciendo lo correcto? no lo sabía. Pero se sentía mal por la última vez que vio a Tony y le respondió de aquella manera. Tal vez no se conozcan ni siquiera un poco, pero cualquier persona a estaría de acuerdo con que se portó como un idiota.

Pero había un problema, él no quería ir solo. Por eso, se la pasó rogando a su amiga para que lo acompañase.

-Vamos, Nat. ¿Sííí? -formó la misma expresión que ella hizo la primera vez que fueron juntos a la cafetería- tú misma dijiste que tenía que salir más.

-Sí, pero en media hora debo ir a trabajar, Steve. No sé cuál es el apuro de ir a tomar café a ésta hora. -la pelirroja rodó los ojos, y empujó suavemente a su amigo, para que se haga a un lado.

En cambio, Steve volvió a ponerse frente a ella, y a hacer la misma cara, mientras fingía llorar. Natasha ya no pudo resistirse.

-Eres un idiota, está bien. -murmuró, y Steve sonrió ampliamente, mientras bailaba emocionado- pero tú pagas.

-Está bien, no importa. Gracias, Nat.

La pelirroja se alistó rápido, y en cuestión de minutos salieron del departamento. Cabe mencionar que ellos vivían juntos, ya que Steve solía vivir en Brooklyn, y cuando se mudó no tenía a nadie conocido en la ciudad, a excepción de Natasha, que sin dudar le abrió las puertas de su hogar. Y ahora ya que estaba arrepintiendo.

Tomaron un taxi, que los dejó justo al frente de la cafetería. Bajaron y se adentraron al lugar, la campanilla sonó, llamando la atención de alguien. Steve vio la mesa en la que solía sentarse desocupada, así que caminó directamente hacia ella, donde se sentó junto a la pelirroja.

Pasaron unos segundos hasta que un chico vino a tomar la orden, Steve se desilusionó un poco, ya que ese chico no era el moreno en el que tanto piensa.

-Bienvenidos a Taylor's Coffee, ¿Puedo tomar su orden? -preguntó el chico con una amplia sonrisa. Se llamaba Peter, y lucía muy pequeño, probablemente era el menor de aquí.

-Claro, encanto. -Natasha sonrió al ver la ternura de aquel niño, que no pasaba de los diesciseis años. El chico al escuchar eso, sonrió tímidamente- yo quisiera un jugo de naranja, sin azúcar, gracias.

El mesero apuntó aquello, y luego miró a Steve, esperando que le dijese su orden. Pero el rubio estaba muy ocupado buscando a Tony con la mirada. No lo veía por ningún lado, ¿Dónde estaría?

Natasha se dio cuenta de que estaba despistado, así que le dio una patada en la espinilla por debajo de la mesa, lo cual despertó por completo a Steve, que jadeó por el dolor.

-Maldición, Natasha. -susurró mientras acariciaba la parte afectada, luego miró al chico frente a él, que seguía esperando la orden- eh, yo... un café.

-Expreso, ¿verdad? -añadió el chico, con una sonrisa cómplice, que desconcertó a Steve.

El rubio simplemente asistió no muy convencido, mientras que el chico lo anotaba y luego se iba.

¿A qué se debía todo eso? se suponía que, solo Tony sabía de aquella orden constante. ¿Y si le habló de él? esperen, ¿le habló de él? ¿Tony le habló de él a alguien más?

No, no, no. Eso sería soñar demasiado.

-¿Qué fue eso, Steve? -preguntó su amiga, sacándolo de sus pensamientos- la otra vez también actuaste raro, y ahora estás... ¿Acaso hay alguien de aquí que te interese, Stevie? -la mirada de confusión de la pelirroja, pasó a una de complicidad.

Al escuchar lo último, Steve sintió sus mejillas enrojecer, odiaba ser tan obvio en esas ocasiones. Pero también moría por contarle a alguien sobre aquel secreto.

-JAJA, ¿de qué hablas, Nat? hace apenas un par de meses terminé con Peggy, yo no...

-Te gusta alguien, alguien de aquí. -interrumpió, confirmando sus sospechas. Conocía a su amigo, y sabía cuando éste estaba flechado por alguien, pero ésta vez... era mas notorio- ya, Romeo, dime quién es. ¿Es linda? -añadió alzando una ceja, mirándolo con diversión.

Entonces Steve pensó, ¿Cómo le diría que le gustaba un chico? ¡Un chico! a Steve le gustaba un chico.

No podía simplemente decirle, "hey, Nat. Sí, me gusta alguien, y es ese tipo de allá." NO.

-Eh, yo no...

-Buenos días, aquí están sus órdenes. -una voz muy familiar lo interrumpió.

Alzó la vista con temor, sabía quién era; Tony. Tony estaba frente a él, brindándoles una hermosa sonrisa. Steve olvidó por completo la pregunta de su amiga, y solo se preocupó por la bella criatura que se encontraba frente a él, como lo había extrañado en estos tres últimos días.

Entonces, Natasha lo notó. Notó la manera en la que su amigo veía a aquel chico de cabello negro, ojos acaramelados y hermosa sonrisa. Le gustaba él. A su amigo le gustaba aquel chico.

-Gracias, dulzura. -comentó Nat, mientras sostenía firmemente el vaso que contenía su jugo sin azúcar. Miró a Steve, y luego a aquel chico, que en su delantal decía Tony.

Sí, a su amigo le gustaba ese chico.

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