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Era un escenario caótico: me encontraba yo, en un estado deprimente frente a mis padres, intentando explicarles, entre lágrimas, el porqué de haber buscado y retenido información de tal envergadura, mientras mi padre me miraba con la decepción incrustada en su gesto a la vez que me gritaba lo ingrata que era y lo mucho que no sabía apreciar lo que tenía; mi madre lloraba en silencio, aferrada a él, sin disimular la desilusión que yo le había causado, y mi hermano me escrutaba a lo lejos con rencor. Me tachaban de egoísta, me acusaban de haber destruido a la familia con mis acciones irresponsables y farfullaban al cielo lo arrepentidos que estaban de haberme adoptado. Me decían que cualquier otra chica del orfanato podía haber hecho su papel de hija mucho mejor que yo y habría aprovechado la oportunidad que ellos me había concedido mucho mejor que yo... O al menos eso pensé que podría pasar si la carpeta caía en manos de alguno de mis padres sólo por un descuido. Por supuesto que, después de tanto imaginar las posibles reacciones que desencadenaría algo como aquello, terminaría buscando con urgencia un lugar que me dijera: ''si algo quieres ocultar, aquí lo debes guardar'', pero bueno, supongo que fue el temor el que me hizo elegir, de entre tantos, el lugar más insólito para resguardar lo que ni siquiera he tenido el valor de revisar por mí misma.

En el fondo, sabía que no sería un buen escondite.

―Mamá, ¿cómo...? ―La pregunta me pareció desacertada―. Puedo explicarlo... ―repuse con cautela.

Ella devolvió su vista a los papeles con aparente despreocupación.

―Ya no sé si lo que tenemos en casa es simplemente un niño muy curioso, o un potencial detective en formación ―evade mis palabras, tratando de alcanzar un tono bromista―. Según me dijo, halló esto pegado con metros de cinta adhesiva al reverso de la base de la gaveta de tu escritorio. Y, pues, bueno, viendo que tu nombre y los nuestros figuraban en algunos de estos papeles, no me extraña nada que haya ido a mi habitación corriendo a bombardearme con preguntas... ―Su mirada se dirige hacia mí nuevamente, carente de rastro alguno de disgusto―. Pensé que podía ser tuya porque, debo decir, que cuando tu padre ha querido ocultarme algo, lo ha hecho en sitios francamente predecibles, además, te recordé sosteniendo esta carpeta la semana pasada.

No quería darlo por hecho, pero no parecía molesta ni mucho menos decepcionada por haber descubierto que escondía información sobre mis padres biológicos ―o más bien, de la mujer que me engendró― y, más, por haber intentado ocultarla a la familia; contrario a la reacción hubiera esperado de ella en una situación como ésta. Pese a que a aquello podría brindarme un poco de tranquilidad ―pues no sucedió lo que tanto temía―, en realidad me parece un tanto perturbador que ella se esté tomando todo con tanta calma. En realidad, el que se vea tan serena sólo despierta el sentimiento de culpa que se había alojado en mi interior desde el día en que acepté la ayuda que me ofreció Theo puesto que me hace pensar que ella se está esforzando por disfrazar las verdaderas emociones que éste descubrimiento le originó y de mostrarle su lado más comprensivo a la hija que tanto alboroto ha estado provocando últimamente.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora