Parte 1 Sin Título

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Despierto al nuevo día sin mayores esperanzas que las perdidas en mis pesadillas nocturnas.

Amanece un nuevo día gris y vacío, sin futuro, en este mundo agonizante que me rodea.

Llevo demasiado tiempo perdido en mi frustración, vagando en la tortura de la no esperanza, de la tristeza, del agotamiento. Quiero ver luz en algún lugar de mi recorrido pero solo el gris mortecino de mi depresión me acompaña en cada recodo, en cada llanura, en todos y cada uno de mis pasos.

Ahora he comprendido que desterré la ilusión por encontrar mi futuro el día en el que Jacobo me ofreció su "amistad". Aquel maldito día mi mundo comenzó a trasformar la tibieza en amargura, poco a poco, sin dolor, sin apenas notarlo, en progresión aritmética constante.

Yo por aquel entonces solo era un navegante más de la vida, esa que a casi todos nos toca vivir. Con mis amistades, mis ilusiones, mi familia, mis peleas, mis escarceos sexuales, solo uno más pero creía que feliz como casi todos pensamos que lo somos.

Vivía en el segundo piso de un edificio camuflado entre otro montón iguales a el. Estudiaba en el instituto más cercano al lugar en el que vivía y allí tonteaba con los amigos y las amigas. Por fraternidad o por química sexual, me rodee de quien quise y me fue bien o eso creía.

En casa todo era normal, padre, madre y hermano sacados de una tierna postal sin mas destellos que los roces vulgares de cualquier familia, sin demasiadas luces ni sobras, simplemente normal, con todo lo que ello lleva implícito.

Y un día llego él. A mitad de curso, desde otra ciudad. En un principio no parecía ser distinto a los que allí vagábamos, uno más a engrosar las listas de la clase. Se escondió en el fondo del aula y desde allí empezó a ejercer un magnetismo sobre algunos que no supe ver en mi primera impresión.

Jacobo pronto acaparo la atención de lo más selecto del inframundo de los que me rodeaban. Los oscuros, los difíciles, los marginales y los pervertibles, comenzaron a ser su sequito. Ninguno de ellos gravitaba en mi zona de influencia pero a pesar de ello también yo me acerque a el. Tal vez fuera por curiosidad, por cambiar de hábitos, de compañías, no se bien porqué pero lo cierto es que en pocos días transforme mi circulo próximo en uno muy distinto.

Jacobo era hipnótico, o al menos lo era para mí. Todo lo que decía me parecía ley, lo que sugería lo acataba como orden, lo que proponía lo ejecutaba cual cordero. No entendía la razón pero me subyugue a él. Comencé a notar en mis antiguos compañeros desprecio por mi sumisión, reproches por mi mansedumbre, abandono por mi fidelidad. En pocos días entre en su ignorancia y pude centrarme en Jacobo. Lo que no veía entonces era que lo que comprendía que me estaban haciendo mis antiguos compañeros, lo ignoraba en Jacobo, pues el sentía por mi lo mismo que ellos aunque yo me negase a verlo.

Los estudios que hasta entonces habían mantenido una línea de corrección gratificante para mis padres, escasa para mis profesores y suficiente para mí, comenzaron a perder interés a la par que se desinflaban las calificaciones. Por supuesto aquello implemento una serie de acciones que trataron de alejarme de mi reciente compañero.

Jacobo considero el castigo como un gesto diferencial en mí. Tal vez fue entonces cuando comenzó a verme y a centrar sus expectativas en denigrarme.

Mi ser comenzó a sentir un grato regocijo al verme sentado a la diestra de mi idolatrado líder. Cumplía con lo que me encomendaba por muy ruin que fuera y definitivamente me aparte de todo y de todos por seguirle a él.

Mi familia se desequilibró tratando de enderezarme, perdieron le juicio y la razón intentando comprender que me pasaba, que me había hecho cambiar. Descubrir el catalizador de mis actos supuso nuevas prohibiciones y castigos que generaron efecto contrario en mi. Mi familia comenzó a formar parte de mis odios.

Me convertí en un delincuente, en un ratero juvenil al servicio de los caprichos de una persona desequilibrada. Cada día obraba actos que sabía seria nimiedades comparadas con las que me esperaban a corto plazo, pero no me importaba, solo deseaba complacer a mi "amigo". Comenzaba a flirtear con la justicia y aquello no me amedrentaba, al contrario me estimulaba más a seguir ese enrevesado camino. Mi único objetivo era mantener mi "amistad" a cualquier costo, fuera el que fuese. Fue entonces cuando Jacobo me propuso humillar a Rodrigo y a Juan.

Todo el instituto tenía conocimiento de una u otra forma de su relación. Unos la ignoraban por cortesía, otros los admiraban por proximidad, también estaban los que simplemente los odiaban por su condición, en ese último grupo me encontré yo sin derecho a opinar solo por querer complacer a mi líder y "amigo". Fuera como fuese aquellos dos seres humanos indefensos, aquellos dos seres a los que solo importaba amarse a pesar de lo que les rodeaba, se vieron inmersos en algo que no se merecían ni ellos ni nadie.

Todo fue rápido, indoloro para mi, desgarrador y eterno para ellos. Los convertí en el hazmerreír de las redes sociales, en un juguete al que lanzar cualquier hiriente dardo venenoso. Pervertí su alegría inoculándoles miedo y suspicacia. La mofa se convirtió en bufonada y ellos acabaron recluidos en sus habitaciones, refugiándose del odio. Solo puse una semilla que creció regocijando a Jacobo, esperanzándome a mí, alentando a los intransigentes, destruyendo a las víctimas y a sus similares. Lo olvide en pocos días, pase página de mis actos en solo una semana pero un poso inconsciente quedo en mí.

Aun sigo sin saber como fue que aquel salvaje acto pudo prender una chispa de duda en mi ser. Sigo sin saber como se pulso el interruptor que inicio el giro imparable de lo que empezó a sucederme.

Desde ese momento no pude ver a Jacobo igual, o si lo veía, solo que lo miraba de distinta forma, con otros ojos, de otra manera, comprendiéndome, comprendiendo mis sentimientos. Yo lo llamaba "amistad", yo creía que era "amistad", me decía a mi mismo que eso era lo que yo sentía por Jacobo, aunque algo en mi interior había comenzado a susurrarme que mentía, que no quería ver lo que en otros con facilidad veía.

El susurro fue cambiando a cantinela. Lo que había humillado días antes me desesperaba pensando en que tal vez, solo tal vez, también yo estaría entre los humillados. El regocijo por la acción bien cumplida en pos de la alegría de mi idolatrado, se fue transformando en tristeza por los marginados, por aquellos a los que había despreciado. Hasta ese momento no había pensado en ellos, en lo que eran, solo dos personas que se amaban y que por ellos yo les había vejado. Cuanto más lo pensaba más sucio me sentía y más comprendía lo que yo sentía por Jacobo.

Durante los días siguientes trate de mimetizarme con el entorno, hacerme invisible, pero Jacobo no podía renunciar a su juguete y yo no quería seguir siéndolo, quería ser otra cosa y empezaba a percibir que no podría apartarme de el. Lo más duro fue comprender que si le dejaba acercarse de nuevo no era tanto por su insistencia sino por mi necesidad. Estaba enganchado, él era mi vicio, lo necesitaba, en los días de alejamiento detecte el anhelo en mi interior a encontrarle en cualquier rincón y que él me mirara, me hablara, me sonriera.

Recaí sin remedio y el me convirtió en su chico para todo, un malhechor sin intención de serlo, solo guiado por complacer a su "amigo" y contemplar su felicidad ante cada acto llevado a cabo.

Me perdí, me diluí, perdí mi esencia y en mi perdición finalmente cometí el error. Un día más tras una fechoría más, después de una borrachera más y de compartir una noche más deje escapar mis sentimientos.

Jacobo me miro con asco, con desprecio. Trato de convencerse a el mismo y a su vez a mí de que me estaba confundiendo, se lo negué y simplemente me golpeo, una y otra y otra vez hasta que se quedó sin fuerza y yo casi sin vida ni esperanza.

Tirado en el suelo, sin poder moverme sin poder pensar, sangrando, comprendí que todo había terminado, que no lo volvería a ver más. Mi cuerpo quedo magullado, mi corazón roto, mi vida perdida, mis esperanzas desaparecidas.

Junto a Jacobo emprendí un camino del que aun no he sabido salir. Abandone a los que me quería persiguiendo algo que sabía nunca iba a lograr alcanzar. Maltrate a los que tal vez, hoy podrían ayudarme. Me rodee de los que aun hoy en día aborrezco y desprecio. Me siento solo y perdido y veo la esperanza volar lejos. Inalcanzable. Pienso que tal vez algún día la pueda alcanzar y con ella llegue todo lo que perdí en este camino gris que acometí. Pero antes he de olvidar mi adicción a él.

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