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10/04/1998.  [2/2]

Faltaban quince minutos para que sean las once de la noche y el restaurante cierre, pero Tony seguía atento a la puerta del local. Aquel chico misterioso no había ido ese día. Lo cual le sorprendió, ya que él había ido durante toda esa semana, a la misma hora y se sentaba en el mismo lugar de siempre.

Pero eso no era lo único que le llamaba la atención del chico rubio. Quizá era también sus ojos, azules cual cielo en primavera, podías verte reflejado en ellos sin ningún esfuerzo, y era algo precioso. También podría ser su extraño sentido del humor, la otra vez le hizo reír con algo que para muchos podría ser un chiste sin gracia. O quizá era la forma en la que sonreía, porque lo hacía muy bonito, tenía la sonrisa más bella de Nueva York. Aunque... también podría ser todo lo anterior.

Oh, demonios. Le gustaba aquel chico.

No habían pasado ni más de seis meses desde su ruptura con Bruce, y ya le gustaba alguien. Aunque también debe incluir en que Bruce era —y lo sigue siendo— un bruto total. Sí, las primeras semanas de relación eran lo máximo; risas, besos y más besos. Pero, ¿Y luego qué? Bruce comenzó a engañarlo con cualquier ser humano que se le cruzace, y lo peor, fue que cuando Tony quiso dejarlo, él lo golpeó.

¡Y pensar que por él su padre lo despojó de toda su fortuna! Y sí, fue por eso. Howard se enteró de que su hijo, su único hijo, era homosexual. Y no se lo tomó para nada bien. Lo amenazó con quitarle todo, si es que no terminaba con Bruce y se casaba con Pepper, que era su ex novia de la secundaria. Pero Tony no aceptó. Él amaba a Banner, lo quería tanto que al enterarse del primer engaño, él lo perdonó. Y al segundo, también.

Pero todo se acabó cuando lo vio con uno de sus amigos, Chris. Y ahí fue, donde quiso terminarle, pero la discusión se salió de control, y Bruce terminó golpeando a Tony sin piedad esa noche. Al día siguiente, se armó de valor, y junto a su amiga y ex novia, Pepper, terminó con él.

Pero claro que Bruce no se dio por vencido.

Lo iba a buscar cada que podía al restaurante donde él trabajaba. Ya lo habían sacado a la fuerza un par de veces, pero ese día él se quedó más de lo esperado. Aún así, cuando él se fue, Tony tomó el ramo de flores que le había comprado, y lo tiró con mucha confianza al basurero.

Adiós, Tony. Cierras el restaurante, eh. —habló Peter, el novato. Había llegado hace un par de semanas, y a pesar de que podía ser algo... estresante. Todos ya le habían cogido cariño. Se hacía querer, a penas tenía 17 años.

Sí, Peter. Y ten cuidado. —le respondió desde la cocina, donde estaba terminando de acomodar algunos platos.

Sí, señor Stark. Igualmente.

—¿Qué te dije sobre eso? A penas soy cuatro años mayor que tú, no me digas "siñir stirk" —se quejó. Salió de la cocina y comenzó a ordenar algunas mesas, poniendo nuevas servilletas.

El joven se disculpó entre risas nerviosas, y luego salió de la cafetería, dejando solo a Tony, que cuando terminó de ordenar todo, se quitó el delantal, tomó su chaqueta y salió del restaurante. No sin antes cambiar el letrero a cerrado.

Suspiró al darse cuenta de que aquel chico rubio no había llegó ese día, y estaba tan metido en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que pisó una pequeña flor, de color marrón, casi caramelo. Que yacía solitaria sobre la acera.

coffee. ↺ stony/au.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora