Capítulo 22

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Pasaban de las seis de la tarde, Blake había intentado comer y arreglarse en un tiempo record, pero su marido era más rápido en cambiarse que un toro enojado y ahora solo servía para molestarla y apresurarla, cosa que la ponía de nervios, además del mal humor que le ocasionaba.

—Vamos, vamos Blake —apuraba su marido, caminando de un lado a otro en la habitación de su mujer mientras miraba su reloj de bolsillo.

—¿Sabes? Si en verdad quieres que todos queden prendados de mí, entonces deja de apresurarme.

—¿Quién dijo que eso quiero?

—Se nota por lo orgulloso que estaban cuando el señor Brown apenas pudo hablar en mi presencia.

Calder sonrió, Blake lo pudo notar debido a que se había parado detrás de ella, viendo hacia el espejo donde terminaba de colocarse sus aretes.

—¿No será que a la que le agradó, fue a ti?

—No voy a negar que me complace que los hombres se atonten en mi presencia —se puso en pie—, pero te agradó, no sé qué ventaja le sacaste, pero estoy segura que estabas satisfecho.

—¿A qué hombre no le gusta que todo el mundo admire a su mujer?, justo ahora eres como un premio para mí.

Blake negó con fastidio y un mohín en la cara.

—Eres un verdadero retrógrado.

—¿Eso crees? Por favor, no seas ingenua, los tiempos podrán avanzar, pero los hombres siempre buscan la belleza y la inteligencia en una mujer, no solo porque le fascine a él sino para que el mundo lo avale como alguien que la consiguió. Tal vez algunos callen de ese hecho, pero siguen pensándolo.

—Entonces deberías callarlo, como los demás.

—¿Por qué he de hacerlo? Es más divertido ser honesto y hacer que la sociedad trastabillé un poco.

—De verdad que te gusta vivir en conflictos, algún día sucederá algo lo suficientemente malo como para que busques la paz en lugar de la hostilidad.

—Hasta que ese día llegue, tendrás que aguantar mi hostilidad querida.

—Quizá te mate antes de que aprendas la lección.

—Quisiera verte intentarlo.

—Cada día me das más material para querer hacerlo.

—¿Quieres por favor colocarte el vestido? Se nos hace tarde.

—Sí, sí. Vaya que mal humor —se quejó ella.

Blake había visto pasar a Helen en medio de una corrida para no ser vista por el dueño de la casa, así que ella caminó al biombo donde su hermoso vestido de Giorgiana Charpentier la esperaba al igual que la doncella.

—¿Es en serio mujer? —dijo exasperado— ¿Vas detrás del biombo cuando...?

—Calla —pidió rápidamente Blake al notar lo avergonzada que estaba Helen.

—Oh, lo siento Helen, no sabía que estabas ahí, te quedas tan callada y además escondida, ¿pretendes sacarme un infarto?

La joven mulata bajó la cabeza y sonrió apenada, dejando pasar el anterior altercado al ser tomada en cuenta por el amo.

—No mi señor, lo siento.

—Debes sentirlo jovencita, no quiero que a la próxima estés bajo la cama y te pise una zanca.

—¡No mi señor! —le dijo la joven sonriente y divertida—, nunca me escondería bajo la cama, señor.

—Más te vale —asintió Calder, dejándose caer sobre la cama—, te pido que aprietes bien el vestido de la señora, a ver si de milagro se queda callada por la falta de aire.

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