Capitulo 16

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Me volteé lentamente, con el corazón acelerado. Mala idea no haberle prestado atención. Maldecí internamente. Ojalá apareciera nuevamente Franco. Aún no me apuntaba.

-         Están... - trague - Están en tu cabeza, cierto

Él no le quitaba la vista de encima a la pistola. Como si combatiera con sus ideas, de qué hacer.

-         Ajá - pronunció y se apuntó lentamente en la sien - Me están volviendo loco, Naomi - abrió los ojos como platos, sus ojos se mojaron y su mano empezó a temblar - Y... ya no sé qué hacer - lamentó, su respiración se agito.

Él estaba asustado. Yo estaba asustada.

-         Baja el arma Santiago - pedí amablemente - No cometas una locura.

Tenía que mantener la calma por ambos. Aunque las piernas me quisieran temblar.

-         ¡Ya no lo soporto! - exclamo exasperándose - ¡Me están volviendo loco! - su mano temblaba aún más.

-         Cálmate - pedí - Respira hondo y trata de pensar en algo positivo, algún recuerdo alegre... - decía, recordando lo que Araroni me indicaba cuando pasaba por lo mismo - Están tratando de que pierdas el control y cometas una locura - explicaba  lentamente - Baja el arma - pedía con serenidad pero en el fondo era a gritos - No tienes por qué hacer lo que ellos digan...

Pareció entenderlo claramente y comenzó a calmarse.

-         Tienes razón - despegó el arma de su sien - Pero tampoco tengo que hacer lo que tú digas - me apunto.

Trague profundo. Estaban jugando conmigo, en realidad. Su actitud pasó de temeroso a desafiante.

-         Baja el arma, por favor - tenía que evitar mostrarme débil.

-         Si lo hago, las voces cesarán - comentó.

-         ¿Y cuándo se detengan y veas lo que has hecho, serás feliz? - pregunte - ¿Que ganas haciendo esto?

¿Por qué nadie aparecía de casualidad?

-         Irás a la cárcel si me matas - murmure.

-         ¿Y? - contestó sin emoción alguna.

-         Piensa en Liam... Crecerá sin padre - decía.

Tenía que por algún lado hacerlo entrar en razón.

-         No puedes dejar que te ganen...

-         ¡Cállate! - exclamo.

Por mi mente paso decirle lo que tanto había postergado, pero quizás eso solo lo enfurecería más y por lo que veía, precisamente él no tenía el control. Se acercó poco a poco, hasta apuntarme en la frente. Ahora sí, temía por mi vida.

-         Algo que decir – sugirió.

Quizás fuese mi última oportunidad.

-         Elías, sal de ahí – murmure con la voz temblorosa.

No quería mirarle a los ojos y ver su mirada tan perdida, tan oscura y llena de odio. No quería revivir esa imagen. Sin embargo me atreví hacerlo. El pareció sonreír y entrecerrar los ojos. Estaba disfrutando verme así.

-         Basta de esto – pedí – Hazlo si quieres tú, pero no mediamente el – suplique.

-         ¿Crees que soy Elías? – musito, bajando el arma para colocarla sobre el escritorio, justamente a mi lado.

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