Capítulo XI: Todos los hombres del rey [Parte 2]

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JiMin tuvo que esperar en el mostrador a que se terminara de procesar su pedido. Cuando uno de los trabajadores regresó, lo hizo con dos bolsas grandes, un papel de color rosado sobresalía de las botellas y frascos que estaban envueltos. TaeHyung no se sorprendió que JiMin pagara con una tarjeta de crédito negra, una que sin duda pertenecía a JungKook. TaeHyung cargó las bolsas, permitiendo que el otro sostuviera la correa de Wangbi y la guiara. TaeHyung era consciente de la cantidad de miradas que estaban puestas en ellos. La mayoría tal vez se preguntaba si JiMin era una celebridad, un modelo o el hijo de un chaebol. Se preguntó si alguno tenía la más mínima idea de que en realidad era una estrella porno y un calentador de cama certificado para el heredero de la mafia más poderosa del país. Lo más seguro era que nadie sospechaba de ello, JiMin parecía demasiado dulce para eso. Sin embargo, las constantes miradas pusieron en alerta a TaeHyung y fuera más consciente del peso de la funda de la pistola debajo de su brazo.

Pasaron de tienda en tienda, visitando las de lencería donde JiMin compró ropa interior, causando estragos en TaeHyung pues no podía evitar imaginárselo con bragas de seda y encaje y con medias. Luego, pasaron a otra tienda para comprar una corbata para JungKook, pues una había sido "arruinada" la noche anterior... Si con arruinado se refería a que con ella había sido amarrado de una muñeca a un poste de la cama, entonces sí. Por último, una tienda para adultos. TaeHyung tuvo que esforzarse para no mirar los exhibidores repletos de revistas y películas pornográficas importadas legalmente, los maniquís, los látigos y esposas. Había un pasillo repleto de lubricantes con botellas de distintos colores que le pareció caminar entre estantes de sodas. TaeHyung trató de imaginarse a JungKook caminando por una tienda así, pero resultaba tan difícil hacerlo.

Cuando regresaron al auto, TaeHyung llevaba tantas bolsas que sus hombros comenzaban a doler por el peso. Sentarse en los asientos traseros del auto fue difícil pues Wangbi decidió usar su muslo como cojín, con las patas enroscadas para que su cabeza estuviera en su regazo.

—Yang, sabes donde debemos ir, ¿verdad? —preguntó JiMin mientras se acomodaba en el asiento con un suspiro cansado. El chofer afirmó que sabía por lo que arrancó el carro y se incorporó a la avenida.

TaeHyung mantuvo sus ojos en la ventana mientras viajaban y le llamó la atención que estaban abandonando Gangnam-gu. Ciertamente, el distribuidor de JungKook no trabajaba en la misma área que él. Entonces, ¿dónde estaba? Intentó memorizar las calles, cuánto tiempo llevaban viajando, pero fue difícil. En algún momento se sintió perdido en el laberinto de edificios y calles de aspecto similar, por lo que desistió y esperó a que el auto se detuviera. No sabía si llevaban media hora o una hora entera de viaje, por lo que cuando el auto se detuvo, su mirada se dirigió a JiMin y luego a la ventana de nuevo.

—¿Dónde estamos? —JiMin le dijo que estaban en el lugar correcto—. ¿Qué locación, qué distrito es?

—Yongsan-gu —respondió JiMin quien seguía quieto en su lugar. Estaba sentado allí, con Wangbi acomodada en sus piernas, ronroneando por los mimos que recibía.

—¿Vienes? —preguntó TaeHyung mientras se movía para tomar la manija de la puerta.

—Mmm, no, me gusta esperar. Tú lo vas a recoger —anunció JiMin, en un tono cercano a una orden mientras seguía acariciando a Wangbi—. Sólo asegúrate de decir que vienes en nombre de Kookie. Si el hombre se pone pesado, entonces dile: tengo un dolor en el culo y sabes cómo quitármelo. —TaeHyung lo miró confundido porque era una frase que no sabía cómo interpretar. Pensó que era una broma, pero al ver que JiMin estaba bastante serio, desechó la idea—. Confía en mí, te dejarán entrar. A partir de ahí, sólo pide ver a Min y recogerás el pedido.

TaeHyung abrió la puerta de un empujón y salió a la acera. Miró el edifico de aspecto profesional y una pancarta que colgaba de un lado anunciaba que se trataba de un acupunturista. Una fachada, por supuesto. Una tan buena que no parecía fuera de lugar. Había un gimnasio al otro lado de la calle, una tienda de hierbas medicinales y varias casas de té pequeñas. TaeHyung se arregló el abrigo —el abrigo que pertenecía a JungKook— y cruzó la acera hasta llegar a la puerta del local. Al entrar, vio un área de recepción de madera oscura y vidrio, paredes pintadas de un color rojo intenso. Había una puerta a un costado, pero en el centro de la habitación había un escritorio y detrás había un hombre viejo, con bastantes arrugas. Lo miró con sus pequeños ojos bastantes penetrantes hasta que quedó frente a él.

House of Cards - BTS [TRADUCCIÓN]¡Lee esta historia GRATIS!