Almendra había subido a un autobús prácticamente vacio con tres bolsas de oreos americanas en sus brazos. Se sentó a cinco puestos de la puerta y destapo el primer paquete, un chico cuyos brazos estaban llenos de tatuajes y su ceja y su labio lucían unos piercings color negro estaba sentado del otro lado del pasillo, cuando el aroma a chocolate llego a su nariz se giro para verla.

Almendra frunció el ceño no acostumbraba a compartir sus galletas y menos con un chico punk.

Él se giro de nuevo y continuo jugando con su yesquero, hasta que comenzó a quemar parte del asiento, el olor a quemado incomodó a Almendra y se preguntó si el chofer y las otras tres personas que abordaban el transporte lo habrían notado ya que ni se inmutaban.

"¿Quieres dejar de hacer eso?" dijo ella en un susurro nervioso.

Él la miró y sus ojos verdes llamaron la atención de la chica.

"Si me das una galleta." contestó él.

Almendra miro su primera bolsa a medio comer y saco una oreo ofreciéndosela insegura, no quería compartir, pero si esa era la única manera de conseguir que se detuviera era capaz de sacrificar una galleta.

"Gracias." dijo tomándola, sus dedos se tocaron, ella no pudo dejar de ver al chico, se veía tan inadaptado.

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