Capitulo 10. De vuelta a la realidad

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Me desperté gracias al ruidoso llanto de un bebe, uno muy molesto en particular. Nick.

Había comenzado a notar la personalidad de mis hijos.

Nicholas podía llegar a ser bastante inquieto, muy despierto y risueño

Charlie era un niño muy tranquilo, curioso y ávido por aprender

Noah era todo un consentido, siempre en busca de cariño, muy tímido y llorón

Esta faceta de ser padre, vaya que me asustaba en un principio, pero poco a poco me daba cuenta que no estaba tan mal y al final podría hasta terminar gustándome

Me levante de la cama, me estire un poco y salí de la habitación encaminándome a ver qué pasaba en el cuarto de los trillizos. Vi a un Nicholas aferrado a la orilla de la cuna. Llorando a todo pulmón, su llanto era inconfundible, era el más potente, el que penetraba en tu oído y perturbaba todos tus pensamientos. Como los niños que hacen berrinche en el súper mercado o lloran por horas durante un vuelo. Dios me libre de vivir algo así.
En cuanto a los otros dos, Noah al llorar no era tan insoportable, un lloriqueo común, pero imposible de ignorar y Charlie era bastante callado, no lloraba a menudo

Divise el reloj en mi muñeca. Las 7:15.
Estaba en buen tiempo.

Cargue a Nicholas y lo puse contra mi pecho mientras que lo mecía un poco para intentar calmarlo.
Camine a la cocina con el bebe en brazos.

-¿Rosie...? -Pregunte en voz alta-

-En la cocina -Contesto con voz alegre-

Me alivie de inmediato.

-Buenos dias Rosie, ¿Podría encargarte a los niños en lo que me arreglo para ir al trabajo? Te lo ruego -Le pedí esperando que me ayudara-

-Esta bien Christian, lo haré. Pero sólo esta vez, yo ya no tengo la edad para hacer de niñera, estoy muy vieja y oxidada -Contesto un poco malhumorada  mientras quitaba a Nicholas de mis brazos, lo que provocó que llorara más fuerte-

Mierda. Me iba a quedar sordo antes de cumplir los 40.

Me escabullí rápidamente a mi habitación, entré a la ducha, me cepillé los dientes, me peine y me vestí de traje. Listo para regresar a la rutina.

Visualicé la hora. 8:00 a.m.

Tenía exactamente una hora para llegar puntual a mi trabajo.
Camine al salón del departamento donde escuchaba unos ruidos. Los trillizos en la alfombra llena de juguetes, balbuceando y meciéndose de un lado a otro.

No. No, no, no, por favor no.

Esa maldita canción no. Ya no más.

Antes de que siquiera pudiera pararlo, en la televisión comenzó a soñar la peor melodía del mundo. Es asquerosamente pegajosa.

Baby Shark do do do do

NOOOO. ¡Ahora no podré sacármela del subconsciente en todo el día!

Que me arrolle un tren, por favor.

Me acerqué a mis bebés, mire a Nicholas y le comencé a hacer caras para que riera, le hice cosquillas y le di un beso en la frente

-¡Pa-pa!

-Buenos dias bebe

Me volteé para ver a Noah, acaricie su cabecita y le di un beso también

-Buenos días a ti pequeño  -Noah me obsequió una hermosa sonrisa y después mordió uno de sus peluches con sus dos pequeños dientecitos-

Tres problemas y Un hombre.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora