CAPITULO: 56

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MIKA

La fiesta transcurrió durante unas horas más y al fijarme en mi reloj de muñeca noté que eran casi las once la noche, así que fui por Gail quien conversaba con Samantha, después del juicio en Texas se hicieron amigas a pesar de la distancia.

Pero no fue necesario ir por ella del todo, cuando me noto se disculpó con Sam y se acercó a mí. Sin decirle nada la tome de la mano y la lleve junto conmigo a la salida del club, pero hizo algo de resistencia.

—¿Qué haces?— exige saber cuando llegamos a la puerta de salida.

—Irnos.— respondí por lo que abre sus ojos como plato.

—¿¡Qué!?— suelta. —No nos podemos ir así.— agrega.

—Si podemos.— le digo.

—Es nuestra boda.— réplica.

—Por favor.— ínsito retomando el camino a la salida.

—Por lo menos debemos despedirnos.— implora.

—No te preocupes por eso.— digo a la vez que logró sacarla del club huyendo como prófugos.

—¿Por qué tanta prisa?— pregunta siguiéndome el paso.

—Porque te tengo una sorpresa y si no nos vamos ahora, no llegaremos.— aclaro rápidamente.

—¿Llegar a dónde?— pregunta de nuevo confundida.

—Ya verás.— me limito decir y sin demoras le indicó que sube al auto que me prestó Derian, el cual pertenece a la agencia de esta ciudad y emprendo el viaje a mi destino.

—Estas loco.— dice divertida.

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GAIL

Después de escaparnos como delincuentes de nuestra propia boda emprendemos viaje a rumbo desconocido a mi parecer, cuando de pronto estacionamos frente a la agencia, por lo que frunzo el ceño.

—¿Por qué estamos en la agencia de Miami?— preguntó confundida. Bajamos del auto, y Mika se dirige al maletero donde saca dos maletas. Eran las nuestras lo que me da entender que tenía todo preparado.

—Digamos que ser amigo del jefe tiene sus ventajas.— responde.

Con la autorización previa del vigilante ingresamos a la agencia la cual es muy similar a la de San Francisco y subimos al ascensor, aun con dudas de saber ¿Por qué estábamos aquí? Hasta que llegamos al último piso al aire libre donde estaba un avión por lo que abrí mis ojos en sorpresa.

—¿Eso es un avión?— pregunté sintiéndome tonta al tiempo que solté mis palabras y Mika me da una mirada incrédula como si me dijera:

No Gail es Súper Man.

—Bueno. Obvio que es un avión. ¿Pero a dónde vamos?— me apresuró a formular otra pregunta.

—Deja las ansias, te dije que será sorpresa.— sentenció y yo hice un puchero fingiendo tristeza.

Subimos al avión privado y durante las pocas horas de vuelo no logré sacarle información a mi querido esposo de saber a donde iríamos y no me quedo más remedió que esperar hasta que aterrizamos a quien sabe donde aun de madrugada. Al bajar del avión con nuestro equipaje salimos de la pista y seguí a Mika hasta una camioneta que por lo visto alquiló para tomar camino a lugar donde nos hospedaríamos a pocos minutos de distancia y no me costo mucho adivinar que estábamos en Háwai y solté un chillido de emoción.

Finalmente llegamos a una casa de madera de dos niveles y como lo esperaba él me cargo como lo haría la típica de pareja de recién casados hasta la habitación en el segundo nivel entre risas, y es que Mika estaba haciendo un gran esfuerzo al llevarme, el vestido era algo pesado. Cuando llegamos pude detallar un poco el lugar, eran amplía con un gran ventanal que daba acceso a una terraza al aire libre con vista al mar, en cuanto me colocó de pie en el suelo me quite los tacones junto a la corona de rosas y me encamine hasta la terraza, la brisa fresca golpeaba mis mejillas y podía sentir el olor del mar salado al igual que el sonido de las olas.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika © (LIBRO 1)¡Lee esta historia GRATIS!