CUATRO

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SEHUN Y LUHAN

— Vámonos ya, SeHun. Tienes que descansar. — La calmada voz de su madre resonó en el tranquilo claro de agua. Temeroso de ver lo que los ojos de sus padres reflejarán, optó por mantenerse clavado en la orilla del lago solo un poco más de tiempo.

—Yo... yo... los alcanzó en un momento. — sin levantar la vista del suelo le dio la espalda a la mujer, incluso si se sentía con un enorme nudo en la garganta y unas tremendas ganas de echarse a llorar, su orgullo no le permitió dejar salir ni una solo gota de agua de sus ojos.

A través de la bruma de la sorpresa, escuchó un suave suspiro de parte de su mamá, sin decir más, ambos adultos lo dejaron solo en aquel lugar. Su padre de tan emocionado que despertó esa mañana, ya no quedaba ni rastro y una puñalada de decepción de sí mismo se instaló en su corazón con un dolor insoportable.

Al cabo de unos minutos, que no sabe decir cuantos, escucho un par de pisadas por el verde pasto, incluso sin voltear a ver al recién llegado, podía decir con exactitud de quien se trataba y en esos momentos de desolado sentir, no era justa la persona que quisiera que lo viera de esa forma tan derrotada y humillante.

—¿SeHun? — la nota de precaución en la voz de LuHan advirtió a SeHun de su llegada. —  ¿SeHun, estás...? Bueno quiero decir... Yo. ¿Qué fue lo que sucedió? — las preguntas atropelladas del chico castaño sonaron confundidas, el pelinegro seguía con la vista pérdida en sus pies y dando la espalda.

Tan avergonzado como se sentía, no creía que tuviera la valentía para ver a la persona que adoraba y amaba a los ojos solo para darse cuenta de que los sueños que alguna vez albergó en su corazón, ahora estaban rotos y pisoteados por la amarga realidad.

— Seré un Omega, LuHan. Eso fue lo que pasó. — su nula expresividad en la voz así convenció a LuHan que nada estaba pasando, pero él conocía al menor más que a él mismo.

Se comenzó a acercar al cuerpo tenso y rígido con lentitud, cuando llegó, enredó sus delgados brazos en la espalda ancha y tonificada con muchas fuerzas para tratar de aliviar un poco de la tristeza que sentía en el aura de SeHun, se veía tan perdido y vulnerable que te parió el corazón.

El cuerpo del menor se relajó al tacto como siempre sucedía cada vez que ellos entraban en contacto. En realidad LuHan no lograba entender del todo bien por que su Hunnie se sentía tan mal, ser Omega no era nada malo para él, nada cambiaría entre ellos y dudaba que los demás tratarán a SeHun diferente solo por no ser un Alfa.

— Todo estará bien. Odio sentir que estás mal, me provoca un malestar muy raro. Por favor SeHun, habla conmigo. — abrazándolo con toda su fuerza y su mejilla recostada en la espalda de Hunnie. LuHan espero unos segundos antes de que el cuerpo, que hasta ahora había permanecido inerte en sus brazos, comenzara a moverse para darle la cara.

— ¡Nada de esto está bien, LuHan! Soy un Omega ¡¿Cómo pretendes que me sienta?! — una oleada de furia surco por todo el sistema del pelinegro, ocasionado que hablara con más aspereza de la que pretendía. Los expresivos ojos avellana de LuHan se llenaron de una mezcla de dolor y rabia.

— ¡¿Por qué demonios estás actuando de esta forma?! No va a ser el jodido fin del mundo solo por que no serás un Alfa grande y agresivo ¡Joder, SeHun no puedo entenderte! — los nervios comenzaban a consumirlos a ambos, cada uno peleando por intentar comprender que era lo que sucedía mientras que la noche estaba muriendo para darle la bienvenida al amanecer de un nuevo día. — ¿Ser Omega es tan malo? — la expresión rota de LuHan logró oprimir el pecho de SeHun por la culpa de haberse comportado de manera tan brusca con el pequeño chico. Su hermoso castaño no tenía la culpa de nada, de hecho nadie la tenía, y no era justo descargar su frustración con él.

1. Instinto de Alpha [HunHan]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora