Capítulo 21

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La vida que llevaba era simple y le gustaba.

Blake se levantaba sagradamente a las cinco y media de la mañana, bajaba a desayunar a las seis y media junto con el resto de los huéspedes de la casa, los cuales eran variados y muchas veces desconocidos para ella. No era de su interés conocerlos, pero siempre era amable y cortés con todos, sonreía, hablaba y, mayormente, callaba.

No había quién no le dijera al dueño de la casa que su mujer era preciosa, una joven única que, además, disfrutaba del campo y el trabajo duro con los animales de las granjas. Para ese momento, Blake era reconocida entre los empleados, aunque muy pocos de los del campo y granjas sabían que era la esposa del dueño. Solo había la tenue sospecha de que era su amante, puesto que de repente, el amo la visitaba y ella hablaba con él como si lo conociera íntimamente.

Por las noches Calder se acercaba a ella, normalmente estaba tan cansada que intimar era un esfuerzo monumental. No estaba acostumbrada a tener tantas labores y apenas estaba tomando el ritmo de lo que era ser una campesina. Para satisfacción de Romelia y Minerva, no vestía diariamente sus pantalones y camisa de algodón, sino un vestido sin corsee y medias, como el resto de las chicas del campo.

—Tengo pecas —susurró ella al mirar su cara.

—Es normal mi señora, por el sol —dijo Helen con una sonrisa.

—En ti no —Blake la miró—, tienes una piel preciosa.

—De color, no es muy querido mi color de piel.

—¡¿Qué dices?! —se puso en pie la joven, dejando de lado la elaboración de su peinado—, eres increíblemente hermosa, nunca había visto cara y ojos más hermosos.

—¿En serio? —sonrió la chamaca.

—Es en serio.

—Tengo los ojos azules por mi padre. No lo conocí y no quisiera hacerlo, él abusó de mi madre. Ella murió cuando nací.

Blake sintió un peso caer en su corazón. Era triste como los terratenientes abusaban de sus empleados, seguramente la pobre desdichada de la madre de Helen apenas tuvo oportunidad de escapar.

—¿Cómo llegaste aquí?

—El capitán, mi señora. Él me recogió de pequeña y me trajo aquí, crecí con la señora Romelia y su marido.

—Eso me da gusto.

—A mí también, me gusta estar aquí, el amo es bueno y todos se portan bien conmigo.

—Blake —Calder entraba por la puerta que conectaba sus habitaciones—, déjanos Helen.

—Sí amo.

Blake se vio en la necesidad de acabar por si misma de peinar su cabello y colocar la falda y la blusa que usaría durante el día. Lo comenzó a hacer detrás del biombo para que Calder no la viera mientras lo hacía.

—Tengo poco tiempo para escucharte —le dijo ella—, iré a los corrales, creo que la oveja Petssy va a dar a luz hoy.

—Lo escuché de Romelia —asintió él—, pero hoy tenemos cosas diferentes que hacer.

—¿Diferentes? —se asomó un poco.

—Sí, no te he presentado en sociedad, he rechazado ya muchas veladas.

—Rechaza otra, estoy ocupada hoy.

—No creo que tengas mucha opción, iremos a la fiesta de la señora Williams.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!