CAPÍTULO 2

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Puedo decir que fui recibida mejor de lo que pensé. Iris me presento a Violeta, una chica muy tímida pero con un encanto inigualable. También estaba Kim, una tía alta, deportiva y buena onda pero que tenía su carácter fuerte si alguien se metía con ella o Violeta.

Melody era una chica amable y responsable a simple vista y aunque no me guste juzgar a las personas tan rápido, me era imposible no sentir desconfianza en su forma de dirigirse a mi, se sentía bastante forzado.

Finalmente conocí a Rosalya una chica admirable y hermosa, desde que empece hablar con ella me di cuenta lo madura que era, además de ser una chica bastante femenina, todo ella destilaba alegría y locura. Fue con la que mejor me entendí y eso dio paso a que nos sentáramos juntas en clases.

Respecto a Castiel, aunque íbamos a las mismas clases, era muy difícil que habláramos. Generalmente cuando me acercaba a él para saludarlo en clase siempre llegaba alguien, ya sea alguna de las chicas o Nathaniel, lo que ocasionaba que Castiel se fuera enseguida a sentar con un chico al que todavía no conocía de cabello plateado y ojos con heterocromía.

Castiel era un chico bastante solitario, era muy difícil encontrase con él a veces, no sabía donde se metía. Me gustaba intentar adivinar que se iba a la azotea, probablemente con su amigo con el cual nunca me cruzaba. Y cuando lo veía en el patio siempre estaba solo bajo la sombra del mismo árbol, con sus auriculares ignorando a todo el mundo.

Apenas llevaba dos semanas en el instituto cuando la directora decidió ponerme a correr por todo el patio y edificio tras su mugroso Kiki. Todo por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Llevaba gran parte de la mañana tras ese chucho pero siempre se me escapaba. Ya no podía correr más, estaba agotada y me faltaba el aire, así que decidí apoyarme de un árbol para intentar recobrar un poco de fuerzas y hacer que mi respiración se normalizara.

—Vaya condición física tan nefasta que tienes—Castiel se acerco.

—Nunca he sido un persona muy deportista.

—Respira niñita, que parece que te desmayaras—. Bromeó, pero en realidad si creí que podía desmayarme en cualquier momento.

—Es imposible atraparlo, ¡Me rindo!—. Dije sentándome en una banca cercana. Vi de reojo a Castiel, quien seguía mostrando una sonrisa burlona por la condición en que me encontraba.

—Deja de burlarte— Volví hablar y le mire de manera amenazadora —Mejor dame un buen consejo. Seguro que tu tienes un perro.

—Es cierto. Tengo un perro grande, nada que ver con la rata de la directora.

—¿También se llama Kiki?

—Jaja, por supuesto que no. Se llama Demonio— al escucharlo no pude evitar rodar los ojos divertida. 

—Debe ser una monada aun con ese nombre— sonreí —Entonces, ¿Cómo puedo atrapar a Kiki?

—¿Por qué no intentas atraerlo con comida? Al fin y acabo es un perro.

—No puedo contradecir esa gran lógica.

—Iré a mi casillero, puede que tenga algunas galletas de Demonio ahí.

Aun con la ayuda de Castiel tarde un buen rato en atrapar a Kiki, hasta que logre llamar su atención con las galletas fue que pude capturarlo. Se lo entregue a la directora, quien me agradeció enormemente el servicio, yo solo me mordí la lengua para evitar decirle ''Para la próxima pídale a alguien más hacer el mandado, o usted misma corra tras su bicho''.

Suspiré satisfecha de mi logró y me dirigí a mis ultimas clases. 

Cuando sonó la campana que marcaba el fin de día, me estire alegremente lista para volver a casa y dormir una siesta después del maratón que hice. Tome mis cosas y me despedí de Rosalya para dirigirme a la salida.

The Story Of UsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora