Capítulo 18

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Estaban a punto de llegar a su nuevo hogar, tras un tortuoso viaje en el que Blake aprendió lo que era ser un tripulante más en el barco, al fin llegaban a Nueva York, la ciudad de Calder, las tierras donde había crecido y se convirtió en el hombre que era.

Blake se movió sobre la cama aún en medio de la pereza y las muchas ganas que tenía de quedarse ahí, acogida entre las cobijas y los brazos que no disponían a soltarla. Abrió los ojos con pesadez, sonriendo hacia la faz que descansaba a solo unos centímetros de ella, se acercó a él y le plantó un beso que no logró incomodarlo. Se acomodó sobre sus brazos y continuó metida en sus pensamientos por un rato.

—Buenos días —Calder le besó la mejilla, él siempre era así cuando estaban en la cama, sobre todo cuando despertaban de hacer el amor—. Despertaste temprano.

—Sí, aunque no quisiera levantarme.

Calder la jaló hacía sí y se acomodó como si fuera a dormir nuevamente, ambos sabían que eso no pasaría, él tenía tareas al igual que ella, pero el hecho de que hiciera el intento por complacerla, al menos en cierta medida, le gustaba. De hecho, aún recordaba el día que la había llevado a hablar con Megan, la pobre muchacha parecía devastada después de que Calder le dijera que la quería como a una hermana y que ahora tendría que respetar el hecho de que estaba casado. No creía que ella lo fuera a entender jamás, pero que hiciera el esfuerzo por dejarlo en claro le agradaba.

—¿Cuándo llegaremos? —preguntó ella cuando ambos se colocaban algo de ropa.

—En un par de días.

—¿Estás emocionado?

—¿Deberías? —sonrió—, es solo ir de una casa a otra, no es la gran cosa.

—¿Estás demente? Es algo enorme, una ciudad completamente diferente, además, que yo sepa, no les agradan los ingleses y yo tengo el acento demasiado marcado, no habrá como ocultarme.

—No pasará nada, la gente de ahí me conoce.

—Eso no me deja más tranquila.

—Vaya, vaya, Blake Collingwood con miedo, no se ve todos los días.

—No me molestes —indicó ella—, solo estoy nerviosa.

Calder se acercó y la tomó en sus brazos.

—¿Qué te da nervios si será lo mismo que aquí? —le asestó un beso—, bueno, algo parecido.

—Lo único que te interesa y a lo que encuentras semejante, es que seguiremos haciendo el amor por las noches —Blake rodó los ojos.

—¿Solo por las noches? —negó él—, tendré más tiempo libre, o eso espero yo.

—Por las noches —reafirmó ella.

Calder dejó salir una risotada justo en el momento en el que entraba Víctor, hecho una sonrisa.

—Capitán, señora —saludó—, me da gusto verlos de buen humor.

—¿Qué quieres Víctor? —Calder se separó de su mujer y siguió poniéndose la camisa.

—Solo vengo a avisar que se planea que lleguemos a puerto en dos días, quizá uno y medio si seguimos con el buen tiempo.

—¿Tan poco? —se asustó la joven.

—Está algo intimidada por llegar —explicó Calder a su amigo.

—¡No es verdad!

—Lo es —confirmó el capitán—, le digo que estará bien, pero no hace caso, es como hablar con un mástil.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!