— No lo sé. Solo sé que algunos ya lo conocieron y les cayó bien. Yo solo lo vi de lejos.

— ¿Sabes dónde está ahora?

— La verdad que no lo sé —Se volteo hacia un lado—. ¡Oh, mira! ¡Ahí está! —dijo señalándolo con el dedo.

Ashley giró su mirada hacia la dirección en la que Dean le apuntaba, y allí junto a las escaleras se encontraba un chico de cabello castaño, ojos azules como el mar, labios carnosos, piel como la nieve y una sonrisa matadora. Era alto y delgado pero tenía los brazos con una leve musculatura.

Se lo quedó observando sin importarle demasiado hasta que lo sintió.

Imágenes de un accidente cruzaron por su mente. Era terrible, aquella personaba quedaba completamente irreconocible. Pero luego, la misma persona volvía a aparecer con un aspecto claro de su rostro. ¡Era él! Aquel chico era él.

Y como si fuera poco, sus labios pronunciaron aquel nombre que hacía tantos años había olvidado mencionar.

—Logan...

— ¿Quién?

La voz de Dean la trajo nuevamente a tierra.

— ¿Qué?

Dean inclinó la cabeza hacia adelante y elevó una ceja.

— Dijiste Logan.

— ¿Eh? ¡No! —bufó.

— Lo que sea —Dijo recostándose nuevamente contra el tronco del árbol—. Parece tener cara de buena persona —Comentó observando a Logan.

— Eh... sí, eso creo. ¿Me disculpas un momento?

Dean asintió y Ashley salió más que disparada hacia los baños de la institución. Ni bien llegó, corrió hacia los lavaderos de manos y abrió la canilla, dejando que el agua mojase sus manos. Las juntó y recogió un poquitito de agua, la cual utilizó para humedecerse el rostro. ¿Por qué se sentía así? ¿Qué era lo que le estaba pasando?

Se adentró en uno de los cubículos y cerró la puerta tras ella. Se llevó las manos al rostro y comenzó a tratar de controlar su respiración.

Por su mente, rápidas imágenes pasaban de diferentes sucesos. Cosas que apenas podía entender porque era como un fogonazo. Escuchaba gritos y risas, además de alguna que otra conversación, la cual no se entendía muy bien. Era como estar mal sintonizado.

Sintió que se volvería loca. ¿Qué estaba pasándole? ¿Por qué sentía que conocía a ese chico desde antes? ¿Qué conexión tenía con ella? ¿Por qué no lo recordaba? Y lo peor de todo era que no recordaba haber mencionado su nombre en ningún momento.

El aire parecía no penetrarle en los pulmones. Se llevó una mano al cuello y abrió lo más que pudo la boca, pero parecía que aun así el aire no entraba.

Estaba mareada y sentía como las gotas de sudor se mezclaban con las de agua.

¿Acaso estaba a punto de volverse loca?

En cuestión de segundos, sintió como si su propio cuerpo le hubiese dado una descarga y dio un pequeño brinco, golpeándose contra la puerta.

El aire volvía a entrar en sus pulmones y las imágenes y sonidos que pasaban por su mente habían desaparecido por completo. Lo único que todavía seguía en pie eran sus nervios.

No se decidió a salir de allí dentro hasta que su respiración volvió a la normalidad, pero cuando lo hizo, deseo jamás haberlo hecho. Ahí, justo en frente de ella, en el espejo del baño se leía perfectamente un mensaje escrito con lo que parecía ser pintura:

DESPIERTA

De los nervios no lo soportó más y salió corriendo de allí dentro. Caminaba como paranoica por los vacíos pasillos del secundario. Miraba reiteradamente hacia atrás, en dirección hacia el baño y luego a su alrededor, buscando la presencia de alguien pero no la encontró.

No podía comprender cómo diantres había aparecido aquel mensaje en el espejo si cuando ella entro al baño no había absolutamente nadie y luego no escucho entrar a nadie.

— Ashley respira. Cálmate. —Se dijo a sí misma en voz alta.

Dio vuelta en un pasillo, cuando de pronto se detuvo en seco. La figura de un joven misterioso había aparecido al final del pasillo. No pudo verle el rostro porque tenía una capucha puesta y las sombras lo cubrían por completo.

Sintió como si le pasasen un cubo de hielo por la columna vertebral. Rápidamente se dio media vuelta y salió corriendo en la dirección opuesta. Nunca miro hacia atrás hasta que sintió que ya se había alejado lo suficiente.

Llegó a un pasillo, en el cual apoyó sus manos en el borde de la pared y se dejó descansar. Estaba agitada pero aun así se volteó para mirar hacia atrás, se alegró al ver que no había nadie pero cuando se colocó derecha y tuvo intensiones de seguir adelante, su cuerpo se pechó con el de alguien más y dejó escapar un grito.

— ¡Aaaaaaaaah! —Se llevo las manos hacia el rostro, como si intentara cubrirse de algo.

— ¡Ashley, soy yo! —Dijeron tomándola por las manos.

Ella aparto las manos de su cara y pudo ver el rostro preocupado de Dean.

— ¡Dean! —Lo abrazó en el acto.

— ¿Qué sucede? —le pregunto e inmediatamente la abrazo.

— ¡Salgamos de aquí! ¡Ahora! —lo tomo de la mano y no lo apartó de ella ni por un segundo.

— Actúas como loca, ¿lo sabías?

Ashley se detuvo y lo mismo hizo Dean. Se tomo unos segundos para mirar a su alrededor y luego poso sus ojos sobre los de su amigo.

— ¿Me creerías si te dijera que vi a un chico misterioso en el pasillo?

Él frunció el ceño.

— ¡Un chico! Dios, santo. Tenía aspecto de asesino serial.

Dean soltó una carcajada.

— ¡No te rías de mí! —lo golpeo en el hombro.

Él simplemente dio un paso hacia atrás mientras dejaba levemente de reír.

— ¿Qué quieres que te diga? Me causo gracia.

— ¿Cómo también ver mensajes escritos en los espejos del baño?

— Ashley, vamos. Te estás comportando un tanto extraña.

— ¡Te estoy hablando en serio! ¿Por qué no me crees?

— Te creo, ¿okey? Te creo pero... ¿no estarás exagerando un poquito las cosas?

— ¿Crees que exageraría con algo como esto?

Él guardo silencio y ella comprendió de inmediato.

— Bien —gruñó—. Piensa lo que quieras —Y se encamino hacia el patio.

— ¡Ashley, espera! —salió corriendo tras ella—. ¡No quise decir eso!

E L Y S I U MDonde viven las historias. Descúbrelo ahora