Capítulo 5: Rapto (parte III)

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—Levantate —hacía que éste se quejara—. Iremos al campamento, ya estuvimos mucho tiempo fuera.

—¿Desaprovecharemos esta oportunidad de entrar al castillo? —insistía Engar.

—La luna esta sobre nosotros, estamos cansados, el torneo es mañana, no llegaremos. Además... debemos respetar el plan de Rigal—después de una pausa—. Sigamos.

El arquero notó que era inútil insistir, por lo que agarró a su compañero obligándolo a caminar tras Oriana.
El campamento, hacia donde se dirigían, era un lugar secreto en el que se escondía la masa rebelde de Noinor. Era cambiante, nunca podía estar asentado en el mismo lugar más de unos meses, ya que podrían descubrirlos. Cada reino, tenía sus células rebeldes y cada una de estas, tenía sus campamentos bien escondidos. Con la unión de los rebeldes bajo una misma política, no importaba de qué reino fueras, siempre encontrarías aliados. Claro que descubrir la ubicación de los campamentos no era tarea sencilla, por lo que en la mayoría de los casos, ellos encontraban a quien quería unirse. De esta manera, se aseguraban de no estar incorporando a un infiltrado de Taniel.

Los preparativos para el espectáculo ya habían comenzado. Los guardias revisaban que las personas, no entrasen con ningún objeto ofensivo.
Era tal la magnitud de personas que habían quedado afuera unas cuantas. Era un evento importante y para la población un entretenimiento, lo que explicaba tal repercusión.
Contaban con un gran número de tropas en el estadio, quienes en caso de conflicto tenían orden de asesinar.

Milton y Kinta se dirigían al Phastka, en donde tendrían su lugar al lado del rey. Sólo las personas que éste elegía podían acompañarlo en el palco real, que se encontraba unos cuantos metros por encima de las plateas repletas de personas.
Al joven le pareció raro que haya niños en un lugar donde la atracción principal era derribar al contrincante, en su mundo eso no era común; pero aquí, parecía ser un evento familiar.
Mientras subían los imponentes escalones para ir con Taniel, se podía apreciar la vista del estadio. Era enorme y los murmullos de las personas, que iban acomodándose a medida que llegaban, aumentaban la tensión del ambiente. El lugar donde pelearían por el título de caballero, estaba ubicado perfectamente en el centro del Phastka para que todos pudieran disfrutar de la batalla. Desde el palco real, la vista era aun mejor y la altura permitía que la suave brisa acariciara el rostro de Milton recordándole su miedo a las alturas.
Unas cuantas estructuras en forma de torre, interrumpían la platea. Estas, separadas entre sí por algunos metros, permitían el mayor control, tanto de las gradas que separaban como de lo que sucedía en el combate. Las torres, contaban con unos cuantos soldados y arponeros, que el joven después de observar detenidamente, vislumbró que eran flechas mucho más grandes y pesadas, de hierro solido, capaces de atravesar algunos muros.
Una fina tela color ocre impedía que el sol molestara a quienes estaban en el palco real, se sujetaba con dos listones de madera circular adheridos al suelo del balcón, que inclinados, apuntaban a la arena.
Milton pudo ver, que en cada extremo, al lado de los sostenes, había una persona vestida con un traje ajustado y una postura similar a la que llevaban los soldados, con su mirada fija en las plateas. Tenían una trompeta en su mano derecha y parecían estar esperando alguna orden.
El murmullo crecía más y más, hasta tal punto, que se le hacía difícil al joven entender las palabras de Taniel, quien estaba sentado a su lado. Luego de algunos minutos de una charla incomoda en la que Milton hacía fuerza por escuchar lo que le decían, el rey se levantó de su asiento y se dirigió a lo que actuaba como baranda de material que marcaba el final del palco. Apoyó sus manos sobre el revestimiento blanco, perfectamente liso y las trompetas sonaron. Así, siguieron la cadena, sonando trompetas consecuentemente en las torres, hasta lograr que el bullicio acabe. Milton pensó en como haría que la multitud de personas pueda escuchar lo que éste tenía para decir; pero en ese mismo instante, notó que esa no era la intención del rey.
El lugar de combate era un rectángulo y a sus costados había escaleras que desde un subsuelo permitían ingresar a la arena. Por estos escalones saldrían los contrincantes y se enfrentarían por el título.

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