Capítulo 17

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¡Es lunes, es lunes, perdonen, lo olvidé por completo, pero aquí está el capítulo!

A la mañana siguiente, ninguno tenía demasiado entusiasmo por abrir los ojos, se quedaron en cama hasta las diez, puesto que les tocaron para el desayuno. Increíblemente, Calder había permanecido abrazado a ella durante toda la noche. Blake se dio la vuelta para encararlo, su cara apacible era perfecta; tenía una nariz muy bonita, larga y recta, sus labios eran gruesos y masculinos, sus cejas eran gruesas y negras, tan negras como sus largas pestañas. Sin poder evitarlo, un fino y blanco dedo paseó por todas aquellas facciones, despertando al hombre que se negaba a abrir los ojos.

—Bueno días —dijo somnoliento—, ¿qué hacías?

—Nada —se sonrojó la joven—, han venido a tocarnos, traerán el desayuno.

—¿Qué hora es?

—Pasan de las diez.

—¿¡Qué dices!?

Calder prácticamente brincó de la cama y comenzó a recoger sus ropas con presura. Blake se sentó y se tapó con las sabanas, no estaba desnuda, pero aun así no le gustaba mostrarse tan poco pudorosa.

—¿Qué pasa? ¿Por qué la prisa?

—Tendrás que desayunar sola —le dijo colocándose las botas—, tengo que hacer algo.

—Sí, pero...

—No tengo tiempo Blake —se acercó a ella y susurró a su oído—: ya no hay necesidad de cubrirse, he visto todo lo que podía ver.

La joven abrió los ojos ofuscada y le hizo un mohín cuando le besó la frente de forma dulce. Sabía que los días no podrían ser así siempre, Calder era demasiado voluble a su humor, como podía amanecer de buenas, podía hacerlo de malas y si era el segundo caso, mejor ni estar cerca.

Blake se colocó con presura algo cómodo y salió del camarote, justo detrás de su marido. En cubierta los hombres se remolineaban por todas partes, nadie la tomaba muy en cuenta, sobre todo porque se había colocado una de las prendas más extrañas que tenía en su poder, regalo de su tía Giorgiana a petición especial suya.

—¡Ey! ¿Por qué aún no te mueves? —le gritó Víctor de forma ruda, eso, hasta que ella se dio la vuelta y sus facciones femeninas la delataron—, oh cielos, no es buena idea señora, se lo aseguro.

—¿Qué pasa? ¿Por qué todos están tan alterados?

—Es la zona.

—¿La zona?

—¡Víctor! ¿Qué hacen charlando? ¡Muévanse! —gritó Calder desde la zona del timón.

El marinero lo hizo, dejando a Blake bajo la feroz mirada ambarina. El hombre no podía creer lo que veía, su mujer, vestida como un caballero; con las botas altas, el pantalón a la medida, la camisa y el chaleco correspondientes. Incluso tenía el cabello hecho una coleta baja y metida bajo la camisa para que no se percibiera el largo.

—Demonios contigo mujer —negó el hombre, quién estaba acompañado por Luisa y Megan, quienes intentaban averiguar porque había dicho eso— ¡Ven aquí!

Blake sonrió y subió las escaleras hasta colarse en el castillo de popa y posarse junto a su marido, quién apuntaba a lo lejos, dando indicaciones al timonero quién no despegaba las manos de aquella rueda gigante.

—¿Qué sucede? —preguntó Blake en general.

—Es zona de piratas —explicó Luisa—, en estas aguas hay que estar muy al pendiente.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!